Me bastan mi pancarta y mi lema
“Cierra los ojos y abre las piernas”
Habrá una marcha hacia tu cama
Pero sólo si quieres y me dejas
Me quedo hasta mañana
Hagamos otra revolución
Que lleve por nombre el amor
Guarda el fuego y las piedras
Pon en el puño el corazón
Y tíralo contra la acera
El mismo nombre y distintos bandos
El mismo sentimiento pero contrario
Que empiecen los golpes y la contienda
Hoy se van a pegar nuestros labios
Aunque no quieras
Hagamos otra revolución
Que lleve por bandera el amor
No me pongas más barricadas
Deja paso al corazón
Y aquí no ha pasado nada
Arden las calles con ruido violento
Cristales rotos y colchones secos
Que empiecen la guerra y la destrucción
Abrázame hasta los huesos
Y que los besos maten a la razón
Hagamos otra revolución
Al mismo grito de amor
Deja de dispararme
Que ya me duele el corazón
De tanto ignorarte.
jueves, 27 de marzo de 2014
jueves, 20 de marzo de 2014
Prosa poética del borracho.
Me puse a beber y no me acuerdo de qué, sólo sé que abrí
la botella, después, un par de ellas, y así hasta que el olor del
alcohol borró el de tu flor. Hasta que lo que corría por nuestros
cuellos borró tu recuerdo, o lo intentó. Fui acumulando tapones a
mis pies y etiquetas sobre la mesa, lágrimas encima de un papel y
quejidos como tijeras.
Cuando iba por alguna de más, caliente, sin hielo ya, el cuarto empezó a girar, a dar vueltas y vueltas. Yo, preocupado, miré a la estantería, y grité alguna tontería: “Si no paras de girar se van a caer todos los libros y se va a llenar todo de letras y voy a tener que cogerlas, y con la mirada empañada, se me van a juntar en bonitas palabras, que sin que yo quiera, voy a pegar y te las tendré que regalar, por si te apetece echármelas en cara a la hora de hablar”. Pero todo siguió girando y nada se movió, entonces miré a la televisión y tenía miedo de que por culpa del girar de la habitación, el señor de dentro se cayera y se abriese la cabeza y me llenase todo el suelo de sangre, y todo porque no quise olvidarte y me puse a beber, y ahora el de las noticias se puede caer. Ya no podrá contar historias, sube y baja como una noria, así que fui a cogerle y me metí dentro y le dije: “Agárrate fuerte a la mesa, que por culpa de una chica, se han abierto unas botellas y lo de ahí fuera va a la deriva”. Todo lo que dije salió en todas las televisiones, conmovió corazones, pero me consta que cambiaste de canal, así que me fui otra vez a girar. Pensé que si seguía bebiendo acabaría durmiendo y al despertar, todo habría dejado de girar. Dicho y hecho, me provoqué sueño, até mi pelo a la almohada, por donde vi que caminabas para no dejarme en paz. ¿Por qué en los sueños si me quieres y cuando despierto te vas? Tienes complejo de luna y con el sol, hasta nunca más. Me cogiste de la mano, y susurraste en mi oído que me querías hacer daño y que nunca me habías querido. Ya ni en sueños, sólo en pesadillas, será por los viejos tiempos o por la bebida. Cuando vi tu mano salir de tu brazo, dirigirse a mi cara y darme una bofetada, desperté.
Efecto secundario, resaca bien temprano, no me quise levantar, porque aunque nada se movía por fuera, por dentro estaba a punto de explotar, y voy a llenarlo todo de pota, con mi cara roja, de una asquerosa masa pastosa, hecha de ron, ginebra, sangría, cerveza o qué sé, con tropezones de tu mirada, con cachitos de tus labios, y todo eso lo podré limpiar, pero hay algo peor, y es que el olor durará más.
Qué bonita comparación, “tú” con una “mala
digestión”, voy a tener que sentirme mal más a menudo y echarte
la culpa de destrozar mi mundo. Necesito Ibuprofeno, tanto para la
resaca como para tu veneno.
Cuando iba por alguna de más, caliente, sin hielo ya, el cuarto empezó a girar, a dar vueltas y vueltas. Yo, preocupado, miré a la estantería, y grité alguna tontería: “Si no paras de girar se van a caer todos los libros y se va a llenar todo de letras y voy a tener que cogerlas, y con la mirada empañada, se me van a juntar en bonitas palabras, que sin que yo quiera, voy a pegar y te las tendré que regalar, por si te apetece echármelas en cara a la hora de hablar”. Pero todo siguió girando y nada se movió, entonces miré a la televisión y tenía miedo de que por culpa del girar de la habitación, el señor de dentro se cayera y se abriese la cabeza y me llenase todo el suelo de sangre, y todo porque no quise olvidarte y me puse a beber, y ahora el de las noticias se puede caer. Ya no podrá contar historias, sube y baja como una noria, así que fui a cogerle y me metí dentro y le dije: “Agárrate fuerte a la mesa, que por culpa de una chica, se han abierto unas botellas y lo de ahí fuera va a la deriva”. Todo lo que dije salió en todas las televisiones, conmovió corazones, pero me consta que cambiaste de canal, así que me fui otra vez a girar. Pensé que si seguía bebiendo acabaría durmiendo y al despertar, todo habría dejado de girar. Dicho y hecho, me provoqué sueño, até mi pelo a la almohada, por donde vi que caminabas para no dejarme en paz. ¿Por qué en los sueños si me quieres y cuando despierto te vas? Tienes complejo de luna y con el sol, hasta nunca más. Me cogiste de la mano, y susurraste en mi oído que me querías hacer daño y que nunca me habías querido. Ya ni en sueños, sólo en pesadillas, será por los viejos tiempos o por la bebida. Cuando vi tu mano salir de tu brazo, dirigirse a mi cara y darme una bofetada, desperté.
Efecto secundario, resaca bien temprano, no me quise levantar, porque aunque nada se movía por fuera, por dentro estaba a punto de explotar, y voy a llenarlo todo de pota, con mi cara roja, de una asquerosa masa pastosa, hecha de ron, ginebra, sangría, cerveza o qué sé, con tropezones de tu mirada, con cachitos de tus labios, y todo eso lo podré limpiar, pero hay algo peor, y es que el olor durará más.
jueves, 13 de marzo de 2014
Criminales / Cielo de Alaska.
Vamos corriendo por encima de nuestras posibilidades
Y no sé si silbas tú o silba el viento
El aire que nos viene siguiendo
Tumbando nuestros instintos profesionales
El frío de la noche nos encuentra tiritando
Y no sé qué es lo blanco, si tus dientes
O el brillo de tus ojos en un copo de nieve
Que van derritiendo puñaladas de abrazos
Y mira, mira cómo resalta
La aurora boreal en el cielo de Alaska
Mientras un par de criminales
Se escapa de la sangre por las calles
¡Que alguien los atrape! Grita algún vecino asustado
Y no sé si alguien nos ha visto
Y a nuestros besos hacen corrillo
Es demasiado tarde para habernos escapado
La cárcel nos encierra con sus barras de hielo
Y no sé si estaremos juntos
O nos separará un mundo
En este paraíso helado que es el infierno
Y mira, mira cómo resalta
La aurora boreal en el cielo de Alaska
Mientras somos dos criminales
Actuando como enamorados normales
Y aquí dentro la libertad huele distinto
Y no sé si tu pelo se hiela
O si el vaho lo aleja
Pero sé que encerrado no estoy contigo
Y mira, mira como resalta
La aurora boreal en el cielo de Alaska
En medio de la noche
Enseñando colores
Escondiendo a dos criminales
Enamorados oficiales.
Y no sé si silbas tú o silba el viento
El aire que nos viene siguiendo
Tumbando nuestros instintos profesionales
El frío de la noche nos encuentra tiritando
Y no sé qué es lo blanco, si tus dientes
O el brillo de tus ojos en un copo de nieve
Que van derritiendo puñaladas de abrazos
Y mira, mira cómo resalta
La aurora boreal en el cielo de Alaska
Mientras un par de criminales
Se escapa de la sangre por las calles
¡Que alguien los atrape! Grita algún vecino asustado
Y no sé si alguien nos ha visto
Y a nuestros besos hacen corrillo
Es demasiado tarde para habernos escapado
La cárcel nos encierra con sus barras de hielo
Y no sé si estaremos juntos
O nos separará un mundo
En este paraíso helado que es el infierno
Y mira, mira cómo resalta
La aurora boreal en el cielo de Alaska
Mientras somos dos criminales
Actuando como enamorados normales
Y aquí dentro la libertad huele distinto
Y no sé si tu pelo se hiela
O si el vaho lo aleja
Pero sé que encerrado no estoy contigo
Y mira, mira como resalta
La aurora boreal en el cielo de Alaska
En medio de la noche
Enseñando colores
Escondiendo a dos criminales
Enamorados oficiales.
miércoles, 26 de febrero de 2014
¿Dónde fueron los poetas?
Me gusta cuando hablas
Y a Neruda le dan por culo
Lo recita Gil de Biedma en las tablas
En el enorme teatro que es el mundo
Envejecer, morir, son sólo palabras
Antonio Machado no te ha conocido
Pero si lo hubiese hecho
Detrás de ti estaría su camino
Y su hermano, mano en pecho
Recordando ese julio maldito
Bécquer no sabe que cualquier color de ojos
Puede ser en su pupila poesía
Con diez cañones por banda busco un tesoro
Pirata que busca la libertad querida
Espronceda no le puso cerrojos
En este campo de ceniza que fue nuestra guerra
Hoy sobran lágrimas y faltan poetas
¿Dónde fueron? Son sólo un recuerdo
No saben que los hombres muertos no cuentan cuentos
Enamorarse es gratis, enamorarse y no
Benedetti no nos conoció en nuestro mejor momento
Azules tus ojos, ¿mía? Me amaste y adiós
Rubén Darío que sabe de tiempos modernos
Sabe que el amor no admite una cuerda reflexión
No hay nadie más que tú, no hay otros
Por mucho que finja, tú mi desventura
Borges sí que confiaba en nosotros
Y por este amor que ni un gigante derrumba
Te quiero, como Cernuda, lo digo en todo
Eres rosa y yo tu luna, quieta y sola
En el sol de las mañanas de Unamuno
Mujer tendida, muchacha dorada de Lorca
Soy un gitano, oscuro y taciturno
Esperando con sangre y navajas nuestra boda
En este campo de ceniza que fue nuestra guerra
Hoy sobran lágrimas y faltan poetas
¿Dónde fueron? Son sólo un recuerdo
No saben que los hombres muertos no cuentan cuentos
….......
Vivo si hay que vivir
Sueño si hay que soñar
Duermo si debo dormir
Y amo aunque no deba amar
Corro si hay que correr
Lloro si hay que llorar
Quiero si debo querer
Y amo aunque no deba amar
Río si hay que reír
Abrazo si hay que abrazar
Muero si debo morir
Y amo aunque no deba amar
Bebo si hay que beber
Beso si hay que besar
Nazco si debo nacer
Y amo aunque no deba amar
Escribo si hay que escribir
Grito si hay que gritar
Escribo si es por ti
Y te amo aunque no deba amar
….......
Se fueron a tomar por culo
Donde un corazón no les ladre
A unos versos que no son tuyos
A los parques por la tarde
Se fueron a un amor sin fin
A hacerle el amor a tu parte poetizable
Para tener versitos de ti
Y hacer el sentimiento más grande
Se fueron a buscar halos de mi risa
Patrocinada por tu mirada
A colgarse de las repisas
De otras chicas enamoradas
Se fueron a otro amor distinto
Porque el nuestro se acababa
A besar cuellos infinitos
Y morder orejas rosadas
Se fueron a profetizar tu religión
A morir por tu palabra
Que vive ilusa hasta el final del renglón
Para llegar al punto que la mata
Se fueron a lo más alto de la locura
Hasta donde mi pecho obnubilaba
Donde ninguna poesía era tuya
Y eso que yo te las dedicaba
….......
Que se quede Garcilaso con sus sonetos
Y Góngora con sus insultos a Quevedo
Que yo me pierdo en el mapa de tu cuerpo
A ver si encuentro a los perdidos poetas
Cayendo desde tu pelo hasta las tetas
Tú, por si acaso, quédate quieta
Si Miguel Hernández le canta a una cebolla
Yo le escribo a lo que me salga de la polla
Y que otros poetas se lleven las joyas
Que Juan Ramón Jiménez habla con un burro
A besos en tu cuerpo les escucho entre susurros
Pero busco que tus labios digan “somos tuyos”.
Y a Neruda le dan por culo
Lo recita Gil de Biedma en las tablas
En el enorme teatro que es el mundo
Envejecer, morir, son sólo palabras
Antonio Machado no te ha conocido
Pero si lo hubiese hecho
Detrás de ti estaría su camino
Y su hermano, mano en pecho
Recordando ese julio maldito
Bécquer no sabe que cualquier color de ojos
Puede ser en su pupila poesía
Con diez cañones por banda busco un tesoro
Pirata que busca la libertad querida
Espronceda no le puso cerrojos
En este campo de ceniza que fue nuestra guerra
Hoy sobran lágrimas y faltan poetas
¿Dónde fueron? Son sólo un recuerdo
No saben que los hombres muertos no cuentan cuentos
Enamorarse es gratis, enamorarse y no
Benedetti no nos conoció en nuestro mejor momento
Azules tus ojos, ¿mía? Me amaste y adiós
Rubén Darío que sabe de tiempos modernos
Sabe que el amor no admite una cuerda reflexión
No hay nadie más que tú, no hay otros
Por mucho que finja, tú mi desventura
Borges sí que confiaba en nosotros
Y por este amor que ni un gigante derrumba
Te quiero, como Cernuda, lo digo en todo
Eres rosa y yo tu luna, quieta y sola
En el sol de las mañanas de Unamuno
Mujer tendida, muchacha dorada de Lorca
Soy un gitano, oscuro y taciturno
Esperando con sangre y navajas nuestra boda
En este campo de ceniza que fue nuestra guerra
Hoy sobran lágrimas y faltan poetas
¿Dónde fueron? Son sólo un recuerdo
No saben que los hombres muertos no cuentan cuentos
….......
Vivo si hay que vivir
Sueño si hay que soñar
Duermo si debo dormir
Y amo aunque no deba amar
Corro si hay que correr
Lloro si hay que llorar
Quiero si debo querer
Y amo aunque no deba amar
Río si hay que reír
Abrazo si hay que abrazar
Muero si debo morir
Y amo aunque no deba amar
Bebo si hay que beber
Beso si hay que besar
Nazco si debo nacer
Y amo aunque no deba amar
Escribo si hay que escribir
Grito si hay que gritar
Escribo si es por ti
Y te amo aunque no deba amar
….......
Se fueron a tomar por culo
Donde un corazón no les ladre
A unos versos que no son tuyos
A los parques por la tarde
Se fueron a un amor sin fin
A hacerle el amor a tu parte poetizable
Para tener versitos de ti
Y hacer el sentimiento más grande
Se fueron a buscar halos de mi risa
Patrocinada por tu mirada
A colgarse de las repisas
De otras chicas enamoradas
Se fueron a otro amor distinto
Porque el nuestro se acababa
A besar cuellos infinitos
Y morder orejas rosadas
Se fueron a profetizar tu religión
A morir por tu palabra
Que vive ilusa hasta el final del renglón
Para llegar al punto que la mata
Se fueron a lo más alto de la locura
Hasta donde mi pecho obnubilaba
Donde ninguna poesía era tuya
Y eso que yo te las dedicaba
….......
Que se quede Garcilaso con sus sonetos
Y Góngora con sus insultos a Quevedo
Que yo me pierdo en el mapa de tu cuerpo
A ver si encuentro a los perdidos poetas
Cayendo desde tu pelo hasta las tetas
Tú, por si acaso, quédate quieta
Si Miguel Hernández le canta a una cebolla
Yo le escribo a lo que me salga de la polla
Y que otros poetas se lleven las joyas
Que Juan Ramón Jiménez habla con un burro
A besos en tu cuerpo les escucho entre susurros
Pero busco que tus labios digan “somos tuyos”.
jueves, 20 de febrero de 2014
Ignacio quiere primavera.
Como todos o casi todos los ancianos, Ignacio madrugaba. No le hacía falta despertador. Se levantaba y se preparaba su café con tostadas. Ponía la televisión de fondo, aunque a esas horas no había nada interesante. Entonces iba al baño a asearse para dar su paseo matutino. Se miraba al espejo y un hombre casi calvo, con poco pelo blanco por los lados de la cabeza le devolvía la mirada con unos enormes ojos azules. La nariz bastante grandota, y ahora en invierno casi siempre roja, labios finos que esconden detrás una dentadura, en su mayor parte verdadera, nada de postizos. Se recortaba los pelos de las orejas, no sabía por qué, a su edad poco le importaba la imagen. Mientras estaba en el baño, escuchaba ruidos en el baño del piso de al lado. Sería Cristina, preparándose para llevar a su hija al colegio. La pobre enviudó las pasadas navidades. Ignacio enviudó hace siete meses, y a su edad ya le parecía inútil superarlo. Quien diga que nunca es tarde para el amor, para Ignacio es un mentiroso. Su amor estaba caducado, y ahora, incompleto. Se puso chaquetón, bufanda y boina, y se dispuso a dar su paseo. Comprar el periódico, sentarse en el parque... cosas que se hacen con su edad.
Al salir de su casa, en el portal, se encontró con su vecina Victoria, que tendría unos 18 o 19 años.
-Buenos días, señor Ignacio -le dijo.
-Buenos días, bonita -contestó el anciano. Pensó que eso sí era una jovencita normal y guapa, no como su nieta, que ahora iba con los pelos de color morado. Modas juveniles que nunca entendería.
En la calle hacía bastante frío. Fue a comprar el periódico al Quiosco de Mateo y de allí, a su banco preferido, en el parque. Decía lo de siempre, que el gobierno nos robaba y que nosotros lo único que hacíamos era leerlo en periódicos. Ignacio pasó esas páginas, a su edad ya no le interesaban esas cosas. Demasiado viejo para amar otra vez, demasiado viejo para luchar como siempre. Más desgracias en países del tercer mundo, niños muriéndose de hambre, SIDA y demás. También demasiado viejo para ayudar desde debajo de su boina y detrás de su bufanda. Críticas de películas sobre robots luchando, tíos millonarios rodeados de tetas, historias de amor... ninguna era para él. Ya no era un joven que podía fantasear con ser un héroe de película. Bastante le costaba fantasear con llegar a fin de mes con su pensión. Ese invierno estaba siendo demasiado deprimente.
Se puso de pie para seguir con el paseo. Antes, cuando su mujer estaba viva, iban los dos juntos a tirarles pan a las palomas. La echaba de menos, pero ahora estaba en un lugar mejor, donde sí se acordaría de lo que era una paloma y, tal vez, de quién era Ignacio. Sus hijos y nietos apenas iban a verle, seguramente le consideraban una carga. Intentaba no darle mucha importancia mientras caminaba por la calle comercial de su barrio. Las tiendas estaban abriendo. Una frutería regentada por indios, una panadería en manos de chinos, locutorios de hispanoamericanos... en realidad no le molestaba, no era racista, todo lo contrario, le gustaba ver tanta cultura distinta en su barrio. Cuando él era joven, esas cosas eran impensables. Incluso ahora conocía a algunos. Les saludaba, les compraba a unos el pan, a otros unos tomates para una ensalada... Ignacio parecía un buen hombre.
Entonces llegó a su destino. Iba a ese parque desde hace 5 meses. Era perfecto, aún haciendo frío era su rincón acogedor. Se apoyaba en un árbol y unos setos le tapaban hasta algo más arriba de la cintura. Estaba enfrente de un colegio, y el frío no impedía que Ignacio introdujese su mano en el bolsillo y se empezase a masturbar mientras veía a las chiquillas con uniforme. Esas falditas hacían que Ignacio se relamiese la comisura de los labios con lascivia y pensase que ojalá llegase la primavera para que esas chicas fuesen más ligeras de ropa, con la falda más corta y sin abrigos encima. Mientras lo hacía, miraba al cielo, esperando que su mujer siguiese sin acordarse de él y no pudiese observarle mientras hacía eso.
Al salir de su casa, en el portal, se encontró con su vecina Victoria, que tendría unos 18 o 19 años.
-Buenos días, señor Ignacio -le dijo.
-Buenos días, bonita -contestó el anciano. Pensó que eso sí era una jovencita normal y guapa, no como su nieta, que ahora iba con los pelos de color morado. Modas juveniles que nunca entendería.
En la calle hacía bastante frío. Fue a comprar el periódico al Quiosco de Mateo y de allí, a su banco preferido, en el parque. Decía lo de siempre, que el gobierno nos robaba y que nosotros lo único que hacíamos era leerlo en periódicos. Ignacio pasó esas páginas, a su edad ya no le interesaban esas cosas. Demasiado viejo para amar otra vez, demasiado viejo para luchar como siempre. Más desgracias en países del tercer mundo, niños muriéndose de hambre, SIDA y demás. También demasiado viejo para ayudar desde debajo de su boina y detrás de su bufanda. Críticas de películas sobre robots luchando, tíos millonarios rodeados de tetas, historias de amor... ninguna era para él. Ya no era un joven que podía fantasear con ser un héroe de película. Bastante le costaba fantasear con llegar a fin de mes con su pensión. Ese invierno estaba siendo demasiado deprimente.
Se puso de pie para seguir con el paseo. Antes, cuando su mujer estaba viva, iban los dos juntos a tirarles pan a las palomas. La echaba de menos, pero ahora estaba en un lugar mejor, donde sí se acordaría de lo que era una paloma y, tal vez, de quién era Ignacio. Sus hijos y nietos apenas iban a verle, seguramente le consideraban una carga. Intentaba no darle mucha importancia mientras caminaba por la calle comercial de su barrio. Las tiendas estaban abriendo. Una frutería regentada por indios, una panadería en manos de chinos, locutorios de hispanoamericanos... en realidad no le molestaba, no era racista, todo lo contrario, le gustaba ver tanta cultura distinta en su barrio. Cuando él era joven, esas cosas eran impensables. Incluso ahora conocía a algunos. Les saludaba, les compraba a unos el pan, a otros unos tomates para una ensalada... Ignacio parecía un buen hombre.
Entonces llegó a su destino. Iba a ese parque desde hace 5 meses. Era perfecto, aún haciendo frío era su rincón acogedor. Se apoyaba en un árbol y unos setos le tapaban hasta algo más arriba de la cintura. Estaba enfrente de un colegio, y el frío no impedía que Ignacio introdujese su mano en el bolsillo y se empezase a masturbar mientras veía a las chiquillas con uniforme. Esas falditas hacían que Ignacio se relamiese la comisura de los labios con lascivia y pensase que ojalá llegase la primavera para que esas chicas fuesen más ligeras de ropa, con la falda más corta y sin abrigos encima. Mientras lo hacía, miraba al cielo, esperando que su mujer siguiese sin acordarse de él y no pudiese observarle mientras hacía eso.
viernes, 14 de febrero de 2014
Qué será de todo.
Qué será de todo hasta aquí
Después de gruñir a los sueños
“Que hasta las galletas saben a ti”
Dice Vega en algunos versos
Titila la farola y ya es de día
Está que llueve y no quiere llover
A caballo entre el llanto y la alegría
Estoy que quiero y no quiero querer
Y no me digas que en primavera
No llueven pétalos de rosas
Si sabes que me emociono como un niño
Cuando hablo de estas cosas
Y si salió mal, no lo supe hacer
No supe poner el cielo a tus pies
Si quieres estrellas te las bajaré
Y lo que estuvo mal se volverá bien
Si yo no fuese tan como soy
Y tú no fueses tan como eres
Qué sería de todo hasta hoy
Una semana sin viernes
Se funde el sol y ya es de noche
Está que hay niebla y no quiere nublar
A galope entre risas y reproches
Estoy que lloro y no quiero llorar
Y no me digas que este otoño
No llueven hojas secas
Si sabes que me emociono como un niño
Cuando caen y tú me besas
Y si salió mal, lo puedo hacer bien
Tú dime qué quieres y te lo daré
Si quieres estrellas te las bajaré
Déjame ponerte un cielo a tus pies
La moraleja del cuento
No se puede leer
Sin lineas, ni texto, ni argumentos
Qué fue de todo hasta ayer
La luna en su cenit y estoy muerto
Estoy que subo y no quiero subir
A trote entre el cielo y el infierno
Está que late y no quiere latir
Y no me digas que en abril
Mueren muchos pavos reales
Si sabes que algo tan bonito
No puede traer tantos males
Y si salió mal, no lo supe hacer
No supe poner el cielo a tus pies
Si quieres estrellas yo te las daré
Si me haces volar te las bajaré.
Después de gruñir a los sueños
“Que hasta las galletas saben a ti”
Dice Vega en algunos versos
Titila la farola y ya es de día
Está que llueve y no quiere llover
A caballo entre el llanto y la alegría
Estoy que quiero y no quiero querer
Y no me digas que en primavera
No llueven pétalos de rosas
Si sabes que me emociono como un niño
Cuando hablo de estas cosas
Y si salió mal, no lo supe hacer
No supe poner el cielo a tus pies
Si quieres estrellas te las bajaré
Y lo que estuvo mal se volverá bien
Si yo no fuese tan como soy
Y tú no fueses tan como eres
Qué sería de todo hasta hoy
Una semana sin viernes
Se funde el sol y ya es de noche
Está que hay niebla y no quiere nublar
A galope entre risas y reproches
Estoy que lloro y no quiero llorar
Y no me digas que este otoño
No llueven hojas secas
Si sabes que me emociono como un niño
Cuando caen y tú me besas
Y si salió mal, lo puedo hacer bien
Tú dime qué quieres y te lo daré
Si quieres estrellas te las bajaré
Déjame ponerte un cielo a tus pies
La moraleja del cuento
No se puede leer
Sin lineas, ni texto, ni argumentos
Qué fue de todo hasta ayer
La luna en su cenit y estoy muerto
Estoy que subo y no quiero subir
A trote entre el cielo y el infierno
Está que late y no quiere latir
Y no me digas que en abril
Mueren muchos pavos reales
Si sabes que algo tan bonito
No puede traer tantos males
Y si salió mal, no lo supe hacer
No supe poner el cielo a tus pies
Si quieres estrellas yo te las daré
Si me haces volar te las bajaré.
lunes, 10 de febrero de 2014
Problemas de corazón.
-¡Ayuda!
-¡Voy, chica, tranquila!Pensé que era una chica muy rara con una costumbre muy normal. Cualquier cosa que pasase allí daba como resultado una reacción como la suya. Fui corriendo a la habitación de la que salió. El chico había entrado en parada. Imagino que cuando paras, todo se vuelve blanco, como era todo en aquella habitación, las sábanas, las paredes, las cortinas, las nubes de fuera... todo muy soso. Si de mí dependiera hubiese cambiado todo eso, algo de color animaría a las personas, pero yo sólo era un simple trabajador, sólo salvaba vidas, o lo intentaba. Y me tocó trabajar. A los médicos no nos permiten ponernos filosóficos, siempre tenemos que estar alerta por si alguien se para, se cae, se sale, se deshace o, simplemente, se queda en blanco.
En este caso, era un defecto de las válvulas cardíacas. Llegaron más médicos. Le pudimos reanimar, pero había muchas posibilidades de que volviese a ocurrir. Intentaría estar cerca de aquella habitación.
-¿Eres su novia? -le pregunté luego a la chica. Era bastante mona. Rara y mona.
-No, sólo amigos.
-Parece una amistad muy especial. Cuida la amistad y, sobre todo, cuídalo a él. Voy a tomar un café y a seguir con la ronda por el pasillo. No estaré lejos, si vuelve a pasar, avisa.
-Perfecto.
Vaya chica más callada, hablaba sólo lo justo. Hay algo raro en ella, y en esa amistad, pero bueno, quién soy yo para juzgar a la gente. Le salvaré la vida y le darán gracias a Dios. Al menos el dinero me lo llevo yo. Aquella mañana, quitando ese pequeño incidente, estuvo todo bastante tranquilo. Así estaba bien ganar dinero. Me pasé otra vez por la habitación. Ella estaba junto a la cama, leyendo algo al chico.
-Este poema también lo escribiste tú, a ver si te acuerdas: Llorar, quizás no sea tan descabellado, / Una lágrima por cada cosa que he callado. / Romper, las paredes que encierran mi silencio / y decirte que cada día que pasa, más te quiero. ¿Te acuerdas?
-S... s... sí -pudo decir el chico con gran dificultad.
Ese chico... no iba a pasar de ese día. Estaba igual de blanco que las sábanas, las paredes, las cortinas, las nubes... a ver cómo acaba. Prolapso mitral, podía ser fatal. Ella ya no leería poemas. No eran novios, pero había sentimiento. Estoy cansado de ver esos sentimientos, se ven cada día en cada habitación, con rosas, con bombones, peluches, libros, tarjetas y esas chorradas que venden en la tienda de abajo del hospital. Y yo... tan solo. Es difícil encontrar a alguien con este trabajo, en el que puedes estar hasta 48 horas seguidas de guardia. ¿Quién tiene ganas de amar luego? Como mucho algún rollo en la sala de descanso. No creo que esos dos se hayan enrollado nunca, pero se querían. La amistad chico y chica era real. Y ahí estaba yo, en la puerta, parado, mientras me hablaban.
-¡No se quede ahí parado! ¡Haga algo! - me estaba gritando la chica. Me empujaron y entraron en la habitación algunos compañeros míos.
-¡Parece una regurgitación! No tiene buena pinta. ¡Que alguien saque a la chica de aquí!
-Chica, ven conmigo. Vamos a la máquina de café -dije yo.
Estaba llorando. Le expliqué que ese tipo de problemas eran normales. Le invité a un café, pero apenas bebió, simplemente se sentó en una de esas sillas de la sala de espera que eran tan incómodas. Y azules. Un color un poco feo. Era bastante guapa, pero había algo extraño en ella, no sé si los ojos llorosos, el pelo, la ropa...
Pasaron 10 minutos cuando me llamó un compañero. Le dije que volvía enseguida, que me iban a decir como estaba su amigo, aunque yo ya lo sabía. Fui a la habitación y, evidentemente, allí estaba el chico. Muerto, con algo de color aún, pero no mucho. Me acerqué a él. Vi que algo sobresalía de debajo de la almohada.
-Eso es lo que intentaba sacar con sus últimas fuerzas -me dijo un compañero al ver que lo estaba mirando-. Una auténtica pena -se fue.
Lo cogí. Era un libro, estaba escrito a boli de su puño y letra. Se llamaba Violetas. Se lo llevé a la chica, que me estaba esperando en la sala aún. Ella vio la noticia reflejada en mi cara.
-Oye, él... tenía esto escondido. Lo intentó sacar antes de... ya sabes. Por el título imagino que es para ti. Por tu pelo y tal.
-¿Sufrió?
-No -mentí-. Para las personas como él es una cardiopatía común. Viven con ello, y, por desgracia, algunos con ello se van, pero lo que si sé es que en su pobre corazón maltrecho tenía un lugar para ti, chica del pelo morado.
-Sería en la parte rota.
Me fui a informar también a los familiares. Para ellos no había libro, pero claro, los libros son para la gente de la que estás enamorado, ¿no?
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