Noto que se me parte el alma
Al no sentir tu calma
Ni la paz de tu respiración,
Entonces salto de la cama
Buscando lo que echo en falta
Por toda mi habitación.
Luego me doy cuenta
De las marcas en mis venas
Y que fue cosa de mi imaginación,
Que te quiso inventar entera,
De verdad verdadera,
Y hasta con un corazón.
Y los sordos escucharon tu voz,
Y los mudos la imitaron luego,
No existías y nadie te abrazó,
Y nuestros besos, son sueños de ciego.
Te inventé, y el color de tu pelo,
Que fue real sólo por un momento,
Hasta que salió el maldito sol.
Ningún mar conoce experto marinero
Que sea capaz de desatar nuestros dedos
Cuando jugábamos al amor.
Ojalá también fueses mía
Cuando se hace de día,
Que salieses del edredón.
Que no seas sólo mentiras
De mis ganas de poesía
Y del ansia de mi canción
Y los sordos escucharon tu voz,
Y los mudos la imitaron luego,
No existías y nadie te abrazó,
Y nuestros besos son sueños de ciego.
Creo que no existe cura,
Cuando te creé desnuda
Para darle a la pasión.
Eras o tú o ninguna,
La que me subía a las alturas
De esta extraña atracción.
Quise tu fingida piel rugosa
Como el pétalo de una rosa
Rezumando baños de flor.
No podías ser tu sola,
Llorando por estar rota
Pero sin decir adiós.
Y los sordos escucharon tu voz,
Y los mudos la imitaron luego,
No existías y nadie te abrazó,
Y nuestros besos son sueños de ciego.
martes, 24 de junio de 2014
domingo, 15 de junio de 2014
Contigo.
No sé lo que es estar contigo. No sé cómo se amoldaría el
tiempo al simple hecho de que estuviésemos juntos. Lo mismo no le
gustamos y termina separándonos, como suele hacer él. Tal vez sea
eso lo que me hace falta, controlar el tiempo y pasarlo hasta que
todo esté bien, contigo, y hacer eternos los buenos momentos e
insignificantes los malos, los que no estoy contigo. Y todo esto si
saber lo que es estar contigo pero, ¿sabes? No me importaría
descubrir cómo es.
No me importaría imaginar nuestra primera cita, en un parque cualquiera, paseando, matando flores para tus ojos, te dejaría mi chaqueta si tuvieses frío y, si se diese el caso, crearía una barrera antipolen sólo para ti. Podría invitarte a algo, dulce o salado, o las dos cosas, en una de esas cafeterías elegantes donde nos mirarían mal, tan modernas del centro. Tal vez al comer unas tortitas con nata y sirope te mancharías la nariz o la comisura del labio, y eso podría desencadenar un beso, o no. Sólo es cuestión de imaginarlo.
Después, te acompañaría a casa, que es lo que hacen los caballeros, y yo a veces lo soy. Aquí podría tener cabida otro beso, aunque eso no es importante. Lo importante de nuestra primera cita es que tengamos ganas de que haya una segunda, me da igual si tengo que estar años sin besarte. Lo pasaríamos tan bien que repetiríamos y podríamos ir de compras por el centro, a esas tiendas de discos y libros tan geniales y así conocer nuestros gustos. Así te recomendaría el último CD de los Sidecars o alguna antología poética de un escritor que sólo sepa hablar de ti. Se nos haría tarde y hasta podría llover... ¡y nosotros sin paraguas! Pero te devuelvo a tu casa, empapada y con un calor especial en el cuerpo.
No todo es perfecto, y estoy de exámenes, como tú, claro. Pero un miércoles de cine no nos lo podemos saltar. Te dejo elegir película, aunque me lleves a ver una comedia romántica de las 30 que hace Cameron Díaz al año, aunque si es de superhéroes, mejor. Compramos unas golosinas o palomitas y ya está. Si me atrevo, que será que sí, te cojo la mano, a oscuras, a la escasa luz de los ojos del actor guaperas que esté en pantalla. Besos dulces, más de lo que esperaba, pero tus besos al fin y al cabo.
Esa misma noche, cada uno desde su casa, nos enviamos bastantes mensajes, y sonreímos como tontos, como dos idiotas de esos que se enamoran. Y así serían nuestros días, estando juntos sin darnos cuenta, y nos pondríamos motes, como las parejas moñas, yo te llamaría “colmillitos afilados”, como en la canción. Nos haríamos regalos, me gusta regalar cosas, y yo soy muy fácil para que me regalen, porque mis gustos son simples y sencillos, tú. Yo te escribiría cosas sobre regalarte la luna, el sol, y estrellas, y planetas, y así hasta que tengas tu propio universo.
Pasará el tiempo, y no me habré cansado de ti, porque tu mano y la mía encajan perfectamente. Ya lo habríamos hecho, pero no quiero ensuciar algo tan bonito hablando de sexo, pero si diciendo que HICIMOS EL AMOR. Y siempre sería tan especial como la primera vez y con las ganas de como si fuese la última. Da igual si es tu cama, la mía, el parque o una nube. De verdad, espero que de momento te guste estar conmigo, porque voy a dar un salto en el tiempo.
Tendríamos nuestras peleas de enamorados, y la gente dirá que lo hemos dejado, o que lo nuestro era imposible, y tú pensarás cosas, y yo pensaré otras, y a la gente le pueden dar por culo. Lo que dijesen me resbalaría tanto que podría deslizarme hasta tu lado y abrazarte y besarte con tanta fuerza que nos olvidaríamos de nuestros problemas, y así la gente tendría que aguantar nuestro amor un poco más.
¿En qué zona viviríamos? ¿Salimos del barrio? Los dos tenemos un buen trabajo, y podemos permitirnos un buen piso. No es sólo estar contigo, es vivir juntos. Me gustaría ser tan raro como para coger tus pelos de la almohada y los de la ducha y guardarlos por si un día te vas y tengo que clonarte. Te llevaría el desayuno a la cama SIEMPRE QUE PUEDA, y te haría corazones con la comida o alguna gilipollez así. Nos ducharíamos juntos y empañaríamos el espejo. Iríamos a trabajar sabiendo que esa tarde de miércoles acordamos ir al cine a ver la cuarta película de la saga esa que vimos empezar. Cualquier cosa que nos recuerde nuestro pasado servirá para reforzar el futuro.
Este día estoy especialmente nervioso. No hemos dormido juntos, pero en un rato nos veremos. Me encanta mi traje, y mi pajarita. Horas antes estaba con mis amigos bebiendo y gritando “¡LO QUE ES LA VIDA!”. Y sí, lo que es. Ahí estás, frente a un altar, y eso que las iglesias no son lo mío. Está todo en silencio y entras tú, de blanco, a juego con tus colmillitos afilados. Me sudan las manos, pero tú ya lo sabes y te da igual. Ese beso me sabe mejor que todos los que te he dado hasta ahora. Tal vez porque es el principio de nuestro para siempre. ¿Quién lo iba a imaginar? ¿Quién me hubiese dicho que íbamos a terminar así después de quitarte un poco de sirope de la cara?
Meses después de la boda y la luna de miel en [INSERTA AQUÍ EL LUGAR DE TUS SUEÑOS], me dices que estás embarazada. Yo te querré aunque engordes y se te hinchen los tobillos, aunque me mandes a ir a una tienda de madrugada porque te apetecen palmeritas de chocolate, y aunque te vuelvas insoportable. Siempre es siempre. Siempre y cuando al despertar no te asustes de que te esté mirando. Puede que todo sea muy cursi, o puede que simplemente, todo el amor tenga que ser así.
Con nuestra familia ampliada, sólo puedo decir que somos cada vez más felices y que nos queremos. Que cada día tus ojos brillan más y tus labios saben mejor, y que cada día me muero por escribir un poco más de ti, después de dejar a los niños en el cole, después de ver cómo se gradúan, después de que se casen ellos. Pasado, presente y futuro.
Han pasado ya muchos años, Sidecars ha sacado muchos discos, ha habido muchos poetas peores que yo, han sacado muchas más películas de superhéroes y ya tenemos muchas canas. Pero cuando mi mano arrugada y temblorosa se acerca a tu mejilla para secarte una lágrima, veo con ilusión que lo único más blanco que tu pelo son tus colmillitos afilados. Y en esa cama del hospital donde me esté muriendo, sólo podré dar gracias de que me voy antes que tú, porque si un día te vas antes que yo, si me dejas, toda esta vida que he imaginado no servirá para nada.
No me importaría imaginar nuestra primera cita, en un parque cualquiera, paseando, matando flores para tus ojos, te dejaría mi chaqueta si tuvieses frío y, si se diese el caso, crearía una barrera antipolen sólo para ti. Podría invitarte a algo, dulce o salado, o las dos cosas, en una de esas cafeterías elegantes donde nos mirarían mal, tan modernas del centro. Tal vez al comer unas tortitas con nata y sirope te mancharías la nariz o la comisura del labio, y eso podría desencadenar un beso, o no. Sólo es cuestión de imaginarlo.
Después, te acompañaría a casa, que es lo que hacen los caballeros, y yo a veces lo soy. Aquí podría tener cabida otro beso, aunque eso no es importante. Lo importante de nuestra primera cita es que tengamos ganas de que haya una segunda, me da igual si tengo que estar años sin besarte. Lo pasaríamos tan bien que repetiríamos y podríamos ir de compras por el centro, a esas tiendas de discos y libros tan geniales y así conocer nuestros gustos. Así te recomendaría el último CD de los Sidecars o alguna antología poética de un escritor que sólo sepa hablar de ti. Se nos haría tarde y hasta podría llover... ¡y nosotros sin paraguas! Pero te devuelvo a tu casa, empapada y con un calor especial en el cuerpo.
No todo es perfecto, y estoy de exámenes, como tú, claro. Pero un miércoles de cine no nos lo podemos saltar. Te dejo elegir película, aunque me lleves a ver una comedia romántica de las 30 que hace Cameron Díaz al año, aunque si es de superhéroes, mejor. Compramos unas golosinas o palomitas y ya está. Si me atrevo, que será que sí, te cojo la mano, a oscuras, a la escasa luz de los ojos del actor guaperas que esté en pantalla. Besos dulces, más de lo que esperaba, pero tus besos al fin y al cabo.
Esa misma noche, cada uno desde su casa, nos enviamos bastantes mensajes, y sonreímos como tontos, como dos idiotas de esos que se enamoran. Y así serían nuestros días, estando juntos sin darnos cuenta, y nos pondríamos motes, como las parejas moñas, yo te llamaría “colmillitos afilados”, como en la canción. Nos haríamos regalos, me gusta regalar cosas, y yo soy muy fácil para que me regalen, porque mis gustos son simples y sencillos, tú. Yo te escribiría cosas sobre regalarte la luna, el sol, y estrellas, y planetas, y así hasta que tengas tu propio universo.
Pasará el tiempo, y no me habré cansado de ti, porque tu mano y la mía encajan perfectamente. Ya lo habríamos hecho, pero no quiero ensuciar algo tan bonito hablando de sexo, pero si diciendo que HICIMOS EL AMOR. Y siempre sería tan especial como la primera vez y con las ganas de como si fuese la última. Da igual si es tu cama, la mía, el parque o una nube. De verdad, espero que de momento te guste estar conmigo, porque voy a dar un salto en el tiempo.
Tendríamos nuestras peleas de enamorados, y la gente dirá que lo hemos dejado, o que lo nuestro era imposible, y tú pensarás cosas, y yo pensaré otras, y a la gente le pueden dar por culo. Lo que dijesen me resbalaría tanto que podría deslizarme hasta tu lado y abrazarte y besarte con tanta fuerza que nos olvidaríamos de nuestros problemas, y así la gente tendría que aguantar nuestro amor un poco más.
¿En qué zona viviríamos? ¿Salimos del barrio? Los dos tenemos un buen trabajo, y podemos permitirnos un buen piso. No es sólo estar contigo, es vivir juntos. Me gustaría ser tan raro como para coger tus pelos de la almohada y los de la ducha y guardarlos por si un día te vas y tengo que clonarte. Te llevaría el desayuno a la cama SIEMPRE QUE PUEDA, y te haría corazones con la comida o alguna gilipollez así. Nos ducharíamos juntos y empañaríamos el espejo. Iríamos a trabajar sabiendo que esa tarde de miércoles acordamos ir al cine a ver la cuarta película de la saga esa que vimos empezar. Cualquier cosa que nos recuerde nuestro pasado servirá para reforzar el futuro.
Este día estoy especialmente nervioso. No hemos dormido juntos, pero en un rato nos veremos. Me encanta mi traje, y mi pajarita. Horas antes estaba con mis amigos bebiendo y gritando “¡LO QUE ES LA VIDA!”. Y sí, lo que es. Ahí estás, frente a un altar, y eso que las iglesias no son lo mío. Está todo en silencio y entras tú, de blanco, a juego con tus colmillitos afilados. Me sudan las manos, pero tú ya lo sabes y te da igual. Ese beso me sabe mejor que todos los que te he dado hasta ahora. Tal vez porque es el principio de nuestro para siempre. ¿Quién lo iba a imaginar? ¿Quién me hubiese dicho que íbamos a terminar así después de quitarte un poco de sirope de la cara?
Meses después de la boda y la luna de miel en [INSERTA AQUÍ EL LUGAR DE TUS SUEÑOS], me dices que estás embarazada. Yo te querré aunque engordes y se te hinchen los tobillos, aunque me mandes a ir a una tienda de madrugada porque te apetecen palmeritas de chocolate, y aunque te vuelvas insoportable. Siempre es siempre. Siempre y cuando al despertar no te asustes de que te esté mirando. Puede que todo sea muy cursi, o puede que simplemente, todo el amor tenga que ser así.
Con nuestra familia ampliada, sólo puedo decir que somos cada vez más felices y que nos queremos. Que cada día tus ojos brillan más y tus labios saben mejor, y que cada día me muero por escribir un poco más de ti, después de dejar a los niños en el cole, después de ver cómo se gradúan, después de que se casen ellos. Pasado, presente y futuro.
Han pasado ya muchos años, Sidecars ha sacado muchos discos, ha habido muchos poetas peores que yo, han sacado muchas más películas de superhéroes y ya tenemos muchas canas. Pero cuando mi mano arrugada y temblorosa se acerca a tu mejilla para secarte una lágrima, veo con ilusión que lo único más blanco que tu pelo son tus colmillitos afilados. Y en esa cama del hospital donde me esté muriendo, sólo podré dar gracias de que me voy antes que tú, porque si un día te vas antes que yo, si me dejas, toda esta vida que he imaginado no servirá para nada.
domingo, 1 de junio de 2014
El pozo.
¿Estás mal y necesitas ánimo y apoyo? Aquí te dejo esto.
Te pudo salir muy caro seguir el camino,
Era verano y tú aún con abrigo
Por si los abrazos no fueron calvario,
De lino por fuera y por dentro sin tacto.
Ahora que andas solo te acechan tormentas,
Las nubes lo saben y se hacen de piedra
Para que duelan más, como si estar roto
no fuese suficiente para volverse loco.
Dices que estás en el fondo de un pozo,
Pero no dejes de mirar, arriba, al fondo
Verás, que sigue entrando la luz
Aprovecha para salir y olvida el azul.
Te han robado la huerta y las flores,
De qué sirve una primavera sin colores.
Por si quieres llorar, pañuelo de cielo
Estampa de estrellas, las penas al vuelo.
Ahora que llevas la vida a medio gas,
La media sonrisa te tiene que encontrar,
Así que déjale en un árbol grabado
A dónde vas, que te ha estado acechando.
Dices que estás en el fondo de un pozo
Pero no dejes de mirar, arriba, al fondo
Verás, que sigue entrando luz
Si quieres salir, sólo puedes tú.
Te pudo salir muy caro seguir el camino,
Era verano y tú aún con abrigo
Por si los abrazos no fueron calvario,
De lino por fuera y por dentro sin tacto.
Ahora que andas solo te acechan tormentas,
Las nubes lo saben y se hacen de piedra
Para que duelan más, como si estar roto
no fuese suficiente para volverse loco.
Dices que estás en el fondo de un pozo,
Pero no dejes de mirar, arriba, al fondo
Verás, que sigue entrando la luz
Aprovecha para salir y olvida el azul.
Te han robado la huerta y las flores,
De qué sirve una primavera sin colores.
Por si quieres llorar, pañuelo de cielo
Estampa de estrellas, las penas al vuelo.
Ahora que llevas la vida a medio gas,
La media sonrisa te tiene que encontrar,
Así que déjale en un árbol grabado
A dónde vas, que te ha estado acechando.
Dices que estás en el fondo de un pozo
Pero no dejes de mirar, arriba, al fondo
Verás, que sigue entrando luz
Si quieres salir, sólo puedes tú.
domingo, 18 de mayo de 2014
Soñaba con ser bailarina.
Ya tenía un hermoso pelo negro
azabache, con unos rizos negros tan ensortijados que nunca dejaban
que sus sueños se escapasen por la cabeza, aunque si tal vez por los
oídos. O la nariz. Pero aún así, se ponía una larga y radiante
peluca rubia. Le costaba mucho, tenía que aplastarse mucho el pelo y
sujetárselo con muchas pinzas y horquillas. No pasaba nada, la
melena rubia le quedaba estupendamente. Más larga que su pelo negro,
así cuando bailaba, olas doradas salían desprendidas de su cabeza.
Las arrugas de la cara, cuestión de la edad, se tapaban
fácilmente con algo de maquillaje. Sus cejas estaban perfectamente
depiladas, no muy finas, pero lo justo como para ser elegantes. Dos
rayas negras que sujetaban su frente, tristes. Tristes como los ojos
marrones. Si destacaban era por las largas pestañas que había sobre
ellos. Exceso de rímel y raya del ojo, negra, alargada hacia el
final. Así disimulaba también las patas de gallo. Para adornar su
rostro de bailarina de porcelana, unos labios rojos vestían su
sonrisa melancólica, que echaba de menos besar escenarios que nunca
pisó. Escenarios que le recordaban a una infancia distante, lejana,
como los enfados y los golpes de su padre cuando decía que quería
ser bailarina. Si seguía pensando en eso se iba a poner a llorar y
se iba a ir a la mierda el rímel, así que se puso de pie y empezó
a vestirse.
No intentaba engañar a nadie, llevaba relleno en el
sujetador y se sabía. A ese tal nadie no parecía importarle si el
espectáculo era bueno. Abrió el armario del camerino y buscó,
entre tanta ropa elegante que había traído, una funda de color
beige. Dentro había un vestido corto de seda, ajustado. Era rojo, a
juego con los labios. A juego con la pasión que quería poner
bailando. Era su debut. Era mayor, pero nunca es tarde para que los
sueños se hiciesen realidad. El vestido era suave, y se acomodó a
su cuerpo perfectamente. Le daba la ligereza y la confianza que
necesitaba. Sus piernas, bastante fuertes, se estilizaron bajo ese
infierno de cuerpo, que se sostenía, a duras penas, sobre unos
tacones cortos y gruesos. Tal vez no fuera a bailar ballet, pero iba
a moverse, iba a deslumbrar.
Llamaron a la puerta, dos veces, y le dijeron que en cinco
minutos salía. Los dos golpes de la puerta le recordaron a los
golpes que daba su padre cuando quería romper sus sueños. Tenía
una copa de vodka con 7up en el tocador. No quedaba mucho hielo, pero
estaba lo suficientemente frío como para congelar esos recuerdos y
que no pasasen de ahí. Bebió y se enfrió el corazón. Se quemó la
garganta. Se puso de pie y se miró al espejo.
“Mira, papá, lo he hecho, soy bailarina”. Una lágrima
se le escapó y se le corrió el rímel. Y a esa lágrima le siguió
otra, hasta que su cara quedó cruzada como por dos ríos de
petróleo. Siguió bebiendo hasta que hubo más pintalabios en el
vaso que en su boca. Y volvían a llamar a la puerta para que saliese
a actuar. “Mira papá, mira lo que va a hacer el maricón de tu
hijo”. Se bebió lo que le quedaba de un trago, se arregló el
maquillaje en un par de minutos y Arturo salió a comerse el
escenario de ese garito de ese barrio de Madrid, y demostró que los
sueños se pueden cumplir en cualquier lugar y en cualquier momento.
lunes, 5 de mayo de 2014
Me gusta.
Me gusta colocarte el pelo detrás de las orejas.
Acercarme lento y susurrarte cosas feas.
Me gusta el aleteo de tu nariz oliendo mi cuello,
y que eso signifique que presagias un infierno.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Cosas que nunca nos falten, cosas que no tenemos.
Me gusta repasarte las cejas con mis dedos,
dibujar su silueta, en otoño color del suelo.
Me gusta cuando te enfadas y frunces el ceño,
y que eso signifique que hoy me quedo sin cielo.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Hoy sabes a martes, hoy sabe tu cuerpo.
Me gusta pensar en lo que puede ser y no es,
no me gusta pensar que sabemos el porqué.
Me gustaría pensar que nunca va a ser tarde
hasta que lo sea y tenga que marcharme.
Me gustan tus mejillas rojas de vergüenza,
colorean la flor del almendro en primavera.
Me gusta cuando mueves la punta de la nariz
y que eso signifique que te ríes de mí.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Cosas que puedo darte, cosas que nunca tengo.
Me gustan tus dientes cuando muerden mis labios.
Me da igual que sangren si los has probado.
Me gusta que tus brazos encajen con los míos,
y que eso signifique que no muramos de frío.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Hoy quiero matarte, hoy te quiero menos.
Me gusta pensar en lo que puede ser y no es,
no me gusta pensar que sabemos el porqué.
Me gustaría pensar que nunca va a ser tarde
hasta que lo sea y tengas que echarme.
Me gusta que te acerques, cogerte la cintura,
levantarte del suelo y llevarte a la locura.
Me gusta cuando te pones de puntillas
y que eso signifique que eres mi pequeña vida.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Cosas que quiero decirte y hoy no me salen.
Me gusta pensar en lo que puede ser y no es,
no me gusta pensar que sabemos el porqué.
Me gustaría pensar que nunca va a ser tarde
hasta que lo sea y tenga que odiarme.
Acercarme lento y susurrarte cosas feas.
Me gusta el aleteo de tu nariz oliendo mi cuello,
y que eso signifique que presagias un infierno.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Cosas que nunca nos falten, cosas que no tenemos.
Me gusta repasarte las cejas con mis dedos,
dibujar su silueta, en otoño color del suelo.
Me gusta cuando te enfadas y frunces el ceño,
y que eso signifique que hoy me quedo sin cielo.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Hoy sabes a martes, hoy sabe tu cuerpo.
Me gusta pensar en lo que puede ser y no es,
no me gusta pensar que sabemos el porqué.
Me gustaría pensar que nunca va a ser tarde
hasta que lo sea y tenga que marcharme.
Me gustan tus mejillas rojas de vergüenza,
colorean la flor del almendro en primavera.
Me gusta cuando mueves la punta de la nariz
y que eso signifique que te ríes de mí.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Cosas que puedo darte, cosas que nunca tengo.
Me gustan tus dientes cuando muerden mis labios.
Me da igual que sangren si los has probado.
Me gusta que tus brazos encajen con los míos,
y que eso signifique que no muramos de frío.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Hoy quiero matarte, hoy te quiero menos.
Me gusta pensar en lo que puede ser y no es,
no me gusta pensar que sabemos el porqué.
Me gustaría pensar que nunca va a ser tarde
hasta que lo sea y tengas que echarme.
Me gusta que te acerques, cogerte la cintura,
levantarte del suelo y llevarte a la locura.
Me gusta cuando te pones de puntillas
y que eso signifique que eres mi pequeña vida.
Me gusta mucho, de hecho, me encanta besarte.
Cosas que quiero decirte y hoy no me salen.
Me gusta pensar en lo que puede ser y no es,
no me gusta pensar que sabemos el porqué.
Me gustaría pensar que nunca va a ser tarde
hasta que lo sea y tenga que odiarme.
miércoles, 30 de abril de 2014
La chica del pelo morado.
Entré en el bar, rezando por lo
que pudiese encontrarme a esas horas en un sitio así. Yo no solía
ir mucho de bares, apenas bebía, pero un día es un día. Estaba
casi vacío, sería por las cucarachas, o por el ambiente cargado y
lúgubre que había. Un tipo gordo bebía cerveza en una mesa, al
fondo, mientras escuchaba la música que sonaba, algo con violines.
Una chica estaba sentada en un taburete, en la barra. Tenía el pelo
morado. ¿Y si...? Nah, no debía hacerlo, pero ya era tarde, me
estaba sentando a su lado.
-Hola -dije.
-No me traigas flores, que ya tengo las espinas -contestó
mientras bebía de su copa. No sé qué era, era marrón oscuro, pero
seguro que Coca-cola no.Pedí una cerveza sin alcohol al camarero, que me miró como si le hubiese hecho gracia mi pedido. La chica del pelo morado también se giró y esbozó media sonrisa.
-¿Un tiarrón como tú bebe cerveza sin? -preguntó sin quitar la media sonrisa que le hacía estar reluciente, pese a la poca luz que había.
-Pues... ya ves... una noche loca -y sonreí tímidamente -¿Tú qué bebes?
-Algo suave, ron con cola. Con este ya van dos.
Como no supe qué decir, me quedé callado, esperando mi cerveza. La chica volvió otra vez a su mundo. Algo me decía que la media sonrisa le había debilitado. Me acomodé en el taburete al tiempo que me traían la cerveza. Bebí. Su sabor era desagradable, pero refrescante al mismo tiempo. Bebí otro sorbo, y así hasta que al cuarto me gustó. Me enamoré de una rubia en una noche. No sabía si la iba a volver a ver.
-Venga, la próxima con alcohol -dijo la chica.
-¿Cómo te llamas? -pregunté para cambiar de tema.
-¿A quién le importa? Y antes de que puedas decir que a ti, te aviso de que a mi tu nombre no me interesa. Charlemos, y nada más. ¿Qué hace un chico como tú en un sitio como este?
-De despedida. ¿Y tú?
-Mi amigo ha muerto hace poco, y mi abuelo está detenido por pajillero. Así es la vida. No digo que esté bebiendo por eso, bebo porque me gusta y no tengo nada mejor que hacer.
-Vaya, lo siento. Mi tío se mató en Navidad, se cayó de un andamio, y mi hermano es un hombre de ciencia, trabaja en un hospital, ve muchas desgracias y me las cuenta. Si no bebe él después de todo lo que ve... no sé qué hago aquí. Pareces buena chica, no deberías destrozar tu belleza bebiendo, aunque con el color de tu pelo has perdido toda la naturalidad y...
-Si te beso... ¿dejas de darme la chapa?
Pidió el tercer ron, yo acababa de terminar mi primera cerveza sin y ella me pidió una con alcohol. No me besó, pero seguimos hablando de cosas sin importancia, como política, y de cosas importantes, como la fe. Me invitó a ir a su piso. Una noche es una noche, y yo me había tomado otra más con alcohol.
-Hay una cosa que debes saber -dije en cuanto me besó, en su sofá, rodeado de esos cuadros con rockeros salvajes -, soy virgen.
-¿Virgen? ¿Cuántos años tienes? Bueno, da igual, voy lo suficientemente borracha como para que me importe. Intentaré ser delicada. Fóllame y vive, córrete y muere, el cielo o el infierno no dependen de ello.
-O sí.
Lo hice. Vi por primera vez el cuerpo desnudo de una mujer. Lo toqué, y no sé si todos eran así, pero el de la chica del pelo morado era un cuerpo suave y cálido. Como era mi primera vez, quise besarla por todo el cuerpo. Me introduje dentro de ella, creando una unión mística, encontrando el refugio y la verdad que siempre estuve buscando. Encontré seguridad de hiel. Iluminamos la habitación con gemidos, sudamos nuestros pecados para introducir otros. Me mordió. Me arañó. Me tiró del pelo, y yo sólo podía abrazarla fuerte para seguir dentro de ella. Quise repetir. Quise beber cerveza. Ojalá la cerveza fuese morada. Su pelo parecía líquido violeta esparcido sobre la almohada, me quise bañar. Lo olí, la besé y dormimos. No supe su nombre nunca. Desperté, dejé una nota y me fui.
…
Ella se levantó. El lado de la cama donde había dormido él estaba frío ya. Mejor. Consiguió lo que quería. Aunque fue especial, y repetirlo no habría estado mal, nunca se sabe cuando va a aparecer el indicado. Vio una nota en la mesa.
“Querida chica del pelo morado, gracias. Dije que estaba de despedida, y lo estaba. Estaba dejando atrás una parte de mi vida para ir a encontrarme con otra nueva. No me hace falta saber tu nombre para saber que nunca te olvidaré, y que gracias a ti recordaré siempre que la pérdida de la inocencia es un viaje que nunca termina y que no tiene retorno, pero de momento, en el siguiente andén yo me bajo. Espero que todo te vaya bien en la vida, Dios y yo velaremos por ti, igual que tu amigo. Perdón por haberme ido tan pronto, pero me ordeno sacerdote a las 11:00. Con cariño, X”
domingo, 13 de abril de 2014
Personas.
Nada de lo que todo y todo de lo que nada,
Me agarra y se retuerce, es pasado y presente,
Una soledad que todo lo abarca
Desde la nuca hasta mis ojos intermitentes
Todo de lo que nada y nada de lo que todo,
El mundo se queja y gira más despacio
Y nos habla con sus polos llorosos
Yo le entiendo a través de los abrazos
Y de verdad, si estuviese en mi mano
Seríamos más humanos y menos personas,
Queriendo sin demora y errando
Sobre las cosas que menos importan
Nada de lo que todo y todo de lo que nada,
A veces pasa lo que pasa y ya está
Y si no pasa, sigue hasta que se acaba
Y que siga, que si es necesario volverá
Todo de lo que nada y nada de lo que todo
Civilizaciones perdidas que están esperando
A que las busquemos con otros ojos
Y destruyamos lo que nos está matando
Y de verdad, si estuviese en mi mano
Seríamos más humanos y menos personas,
Queriendo sin demora y errando
Sobre las cosas que menos importan
Todo de lo que asusta y nada de lo que da miedo
Nada de lo que me gusta y todo de lo que tengo
Sobran las chustas que raspan de tu veneno
Y me faltan todas las cosas que yo quiero
Y de verdad, si estuviese en mi mano
Serías menos puta y más persona
Pero es tarde, y la verdad desagradable asoma,
Envejece, muere, que ésta ya no es tu obra.
Me agarra y se retuerce, es pasado y presente,
Una soledad que todo lo abarca
Desde la nuca hasta mis ojos intermitentes
Todo de lo que nada y nada de lo que todo,
El mundo se queja y gira más despacio
Y nos habla con sus polos llorosos
Yo le entiendo a través de los abrazos
Y de verdad, si estuviese en mi mano
Seríamos más humanos y menos personas,
Queriendo sin demora y errando
Sobre las cosas que menos importan
Nada de lo que todo y todo de lo que nada,
A veces pasa lo que pasa y ya está
Y si no pasa, sigue hasta que se acaba
Y que siga, que si es necesario volverá
Todo de lo que nada y nada de lo que todo
Civilizaciones perdidas que están esperando
A que las busquemos con otros ojos
Y destruyamos lo que nos está matando
Y de verdad, si estuviese en mi mano
Seríamos más humanos y menos personas,
Queriendo sin demora y errando
Sobre las cosas que menos importan
Todo de lo que asusta y nada de lo que da miedo
Nada de lo que me gusta y todo de lo que tengo
Sobran las chustas que raspan de tu veneno
Y me faltan todas las cosas que yo quiero
Y de verdad, si estuviese en mi mano
Serías menos puta y más persona
Pero es tarde, y la verdad desagradable asoma,
Envejece, muere, que ésta ya no es tu obra.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



