lunes, 13 de abril de 2015

Verde

     Era incómodo dormir en cubierta, pero la brisa me despejaba. Parecía mentira que fuese un hombre de mar, pero lo era. Ese mar que me mareaba me daba la vida. Así que cada noche me subía a dormir allí, entre unos rollos de cuerda, disfrutando de una clara noche. La luna brillaba bastante, pero no llegaba a eclipsar a las estrellas. En conclusión, un conjunto de perlas iluminaban el firmamento, sin una nube que amenazase. Me estaba quedando dormido cuando escuché pasos sobre la madera. Su eco rompió el inmenso silencio de la respiración del agua. Pensé que era raro, al vigía aún no le tocaba rotar su turno. Levanté la cabeza.

     -Te he amado tantísimo, que te sigo amando en el presente, y dudo que este amor se fuese a terminar en el futuro -decía mi capitán, Willem van der Decken. Pero... ¿con quién hablaba?-. Si algo me separase de ti, no sabría de qué mástil colgarme, o en qué mar hundir mi calavera. Te miro y me devuelves la mirada, me colocas a la luna detrás, como si yo fuese el primero en tus oscuros y profundos ojos.

     Estaba asomado por la borda, como poseído. Pensé que se iba a arrojar, así que me fui a levantar cuando noté que algo pasaba. Un nubarrón gris oscuro tapó la luna, y la brisa se volvió glacial, pero el capitán pareció no darse cuenta. Hubo un fogonazo verde, después se mantuvo esa iluminación, tiñendo de verde todo la cubierta, coloreando el silencio, dándole un tono verde al vaho que de repente exhalaba. Confieso que me asusté y me quedé donde estaba, entre cuerdas y aparejos. Otra voz habló, pero no era una voz normal, sino cavernosa, profunda, diabólica.

     -Así que un lobo de mar enamorado de...
     -¡Calla! -espetó van der Decken, como si la presencia de esa voz no le fuese ajena.
     -Sabes... si no se enterase “nuestro amigo”... yo podría hacer que fuese tuya... para siempre.
     -¿Para siempre? ¿A cambio de qué?
     -Para siempre, sin importar las adversidades. A cambio de algo que nunca necesitarás... ¿para qué quieres tu alma?
     -Si no es con el alma, ¿con qué voy a amarla?
     -¡Con esto! -gritó la voz, y la luz se hizo más intensa, tanto que dejé de mirar la escena y me guié por las sombras que se proyectaban en una de las velas. El capitán estaba de rodillas, y otra figura, la dueña de la voz, tenía en su mano... No podía ser. Me giré y contemplé la escena de refilón. La mano dueña de la voz, también era la dueña del corazón del capitán-. Cuídalo bien, guárdalo en este cofre.
     -¿Y mi alma?
     -Esa la guardaré yo... y no solo la tuya... -hubo una pausa. ¿A qué se refería?-, también la de tu tripulación.

     Di un leve grito de asombro, lo justo para que la mano me señalase...

     […]

     No tenía ganas de nada. Simplemente vagaba por la cubierta. En cambio miraba al capitán y sonreía. Nos decía a todos que el mayor tesoro se guardaba en cofres pequeños. Y siempre miraba al mar. Entonces se encerraba en su camarote. Una noche en la que no hacía nada, sólo existir, escuché voces.

     -Te amo tanto, la amo tanto, y mientras esto esté aquí, el amor será para siempre, sin importar tempestades, heladas, insolaciones. Siempre.

     ¿Hablaba solo?

     -Pero esas cosas importan, y estarán presentes.
     -No... nada me podrá separar de ella -decía mi capitán, loco, chiflado, majareta. Se notaba que no tenía alma, la piel cerúlea, los ojos ojerosos y con bolsas, pero sonreía. Y yo no sabía distinguir una sonrisa de loco y una sonrisa de enamorado, aunque tal vez no haya diferencia.
     -Serás castigado por la justicia divina -dijo la otra voz, calmada-. Sin embargo, yo creé a los hombres, y si amáis es por mí, y si hacéis locuras y pactos con el diablo por amor, supongo que puedo reprochármelo. Por tanto, te condeno a amar... para siempre. Nunca te separarás de tu amor... y no sólo tú... tampoco tu tripulación.

     Fue sentencioso. Pero sin alma no pude sentir miedo, ¿o sí?

     Y esto ocurrió hace ya muchos años. Desde entonces hemos vivido lejos de la tierra, junto al amor del capitán. Lejos de todo placer terrenal. Siendo la niebla que cubre el mar como el vestido que cubre al gran amor del capitán. Silenciosos. Me gusta advertir a otros de los horrores que pueden surgir de pasar tanto tiempo aquí. Muchos dicen que el mar es traicionero, pero yo digo que la mar, o te vuelve loco... o te enamora. Y cuando te enamora, sufren todos las consecuencias.


domingo, 5 de abril de 2015

Adoquines

Esta mañana a la luna se le ha olvidado irse
Y está por partirse la puta cara con el sol
Para ver cual de los dos ha de morirse
Al llenar de luz las piedras que serán carbón.

Este trovador que llora, no sé si canta
O sólo rasga las cuerdas de su voz,
Estrujando un corazón por la garganta
Y que suena más alto que un amor.

Que en este barrio la alegría se ha ido a tender
Las sonrisas a la azotea del olvido por si te ve
Pisando los adoquines que veían cómo te elevabas
Cada vez que te besaba haciendo de gallina tu piel.

Las margaritas desnudas se están peleando
Y terminarán llorando por no soñar
Que un golpe primaveral acabe coloreando
De sangre y de cielo las ramitas del azahar.

Nos dijeron que las calles han crecido
Desde que te has ido y no haces llorar
Con tu sucio amar a otros pobres chicos
Que pensaban que el oro salía de tu caminar.

Que en este barrio la tristeza se ha ido a tender
Los llantos a la terraza del recuerdo por si te ve
Pisando los adoquines que veían tus bragas
Cuando llevabas falda y nos hacías crecer.

Que eran sólo piedras en el asfalto
Como personas entre los humanos.
Ríos cruzando la montaña,
Cicatrices en la piel.
Tensión entre las miradas,
Adoquines contra la sien.
Testigos de todas las historias
Que acaban bien para la novia.
Aguantan pisadas y mierda,
Como yo, no lloran ni aunque llueva.








lunes, 30 de marzo de 2015

Malos hábitos

     Está que quiere y no puede salir. Pero está. Noto cómo me está arañando en alguna parte de mi interior. Se ahoga y no puede respirar. No le sirve el oxígeno que inhalo, no le sirve el humo, porque es el humo lo que quiere salir, y mi cuerpo no aguantaría otro pequeño corte sangrante que lo libere. No lo aguantaría. Me tiro en el sillón, con el vacío delante, buscando una ventana para poder mirar algo de fuera, pero estoy que quiero y no puedo salir. Encerrado dentro de mí mismo. Arañar las paredes me haría más daño a mí que a ellas. Encima de ninguna mesa hay un vaso tan transparente que puede que esté vacío. Por si acaso bebo lo que pueda o no pueda haber. ¿Y si eso me inspirase? No lo creo. Mis pantalones vaqueros favoritos están rotos, pero llevo botines nuevos, negros, relucientes, a juego con la camiseta que llevo. Y la barba, la odio, no deja de crecer, quiere y puede salir. Esto es todo lo que tengo, y no me parece para nada interesante, pero escribir por escribir se está convirtiendo en un mal hábito, y es lo único que me preocupa, mientras afuera la gente se mata, se ríe, se pega, se folla, fuman, beben, saltan, bailan, como si estar vivos fuese la hostia, algo bueno. Y puede que lo sea cuando ellos son mayoría y yo estoy aquí sentado, mirando el espejo como si fuese una ventana.

     Hoy tampoco sale. Creo. No, no sale, y quiere. Doy una patada a la mesa y el vaso se vuelca sobre los papeles vacíos. Me chorrea el pelo en una cruel metáfora. Si tuviese una vieja máquina de escribir estas cosas no me pasarían, eh Hank.

     -Deja de hacerte el interesante y sal fuera a matar, a reír, a pegar, a follar, a fumar, a beber, a saltar, a bailar. Vive y deja de estar tan muerto. Quieres y puedes salir.

     Y Hank se quedó detrás del espejo (¿o era una ventana?). Yo no le hice caso y seguí mojándome.


martes, 10 de marzo de 2015

La inquietud de los suicidas

Dicen que la envidia no es un sentimiento,
Que se lo digan al que no sabe que brilla por dentro.
Que no hace otra cosa más que mirar su reloj
Como si el tiempo fuese su revolución.
Y la inquietud que paraliza su cuerpo,
Las agujas que le han besado veneno.
Se empalman sus labios, su boca, sus dientes,
La lengua cuando sabe que no hay amaneceres.
Porque se abraza por si acaso a la soga
Cuando ve que en el mundo no caben más personas.
Los pies sólo pisan la línea donde se juntan la mierda
Y las páginas que traen versos de niebla.
Cuando la pata de la silla se parte, aparece la fe
Como aparecen las putas para los que en el amor no creen.
Hacer acopio de oxígeno es egoísmo, si por la sangre
Ya corre podrida la calavera que nos vuelve nadie.
Tuvo dos formas de decir adiós y usó las dos,
La emotiva y la física, la de las venas y la del cordón.
La que recorre su cuerpo como si fuese un hormigueo
Y la que te deja sin habla al besarte el cuello.
Con los ojos en blanco aún balanceaba sus pies,
Se lo encontró su alma preguntando por qué.
Estira el brazo, el polvo atraviesa sus manos,
¿Es un fantasma o sólo estaba muy delgado?
Las ojeras hablan desde el reflejo en el espejo,
¿En qué momento decidió no hacerse viejo?
Dicen que el suicidio es inquietante hasta el último momento,
Que se lo digan al que en vano llevaba la lucha por dentro.


domingo, 1 de marzo de 2015

Sin ti.

     Sé perfectamente lo que es estar sin ti. El tiempo pasa dolorosamente lento, amoldándose a los sentimientos, como si no le gustásemos desde el principio y nos quisiera mantener separados. Tal vez me falte eso, saber controlar el tiempo para aprender a vivir sin ti, pasarlo hasta ese momento idóneo y perfecto en el que me encuentro a gusto sin ti, pasarlo hasta los buenos momentos. Y todo esto sabiendo lo que es estar sin ti pero, ¿sabes? No se está tan mal, y puedo descubrir tu vida sin mi.

     Tu primera cita, en un parque cualquiera, con un chico cualquiera, mientras yo estoy leyendo un libro de poesía debajo de un árbol, sin ti. Empezaría a hacer frío, y mientras los galanes de pacotilla se desprenden de sus chaquetas para dárselas a sus damiselas, yo cogería el metro, solo, y me iría a mi casa. Tu chico cualquiera te invitaría a algo, como si el dinero no importase, como si ahora los sentimientos se pudiesen comprar. Yo he gastado mi dinero, sin ti, en un abono transportes para poder moverme. Como tu chico cualquiera te ha invitado, propicia una escena de beso en esa cafetería elegante del centro, a la que si yo fuese sin ti, me mirarían mal. Es fácil imaginarlo.

     Estoy en casa, tirado en la cama haciendo dibujos con el gotelé, mientras a ti te han acompañado a casa con la intención de robarte un beso en el portal. Yo tengo ganas de aceptar esta soledad tan reconfortante, mientras que vosotros queréis vuestra mutua compañía, no sabéis estar solos, sin ti. Iría algún día al centro, a una tienda de esas de libros y discos geniales. Mientras estoy escuchando el último disco de Noel Gallagher, voy a buscar un libro de poesía que no hable necesariamente de ti. Entonces me encuentro con la pareja cualquiera compartiendo gustos. Llueve y me voy. No llevo paraguas, pero por el camino te veo compartiendo paraguas con un chico cualquiera.

     Empiezan los exámenes, no todo puede ser perfecto. Tengo todo el tiempo del mundo para estudiar. Siento no poder decir lo mismo de ti. Aún así, un miércoles de cine se puede salvar. Voy solo a ver la última película más premiada de los Óscar, mientras tú vas a ver la película boba y erótica del momento, arrastrando a un pobre condenado contigo. Y yo sin ti. En nuestra sala nos emocionamos con la mirada del actor menos de moda del mundo, mientras en la vuestra, las parejas se cogen de la mano al escaso brillo de la sonrisa del guaperas de turno.

     Esa misma noche, en casa, yo estoy escribiendo algún relato o poesía que no hable necesariamente de nadie. Así no se me colapsa el móvil de mensajitos moñas. Dándome cuenta de que estoy sin ti, pero vivo y respirando ese aire que transmite las ondas que llevan un mensaje con un mote para ti, sacado de alguna canción, como “silueta del pecado”. Yo sigo escribiendo, regalándome palabras, sin ti. Lo hago mejor.


     Vivo en una paz profunda. La gente dice que debería encontrar pareja, como lo hiciste tú. Pero soy un chico imposible. Tú pensarás tus cosas, yo pensaré mis cosas, y a la gente que la den por culo. Lo que dijesen me resbalaría tanto que me tropezaría conmigo mismo con tanta fuerza que acabaría en urgencias, donde podría ver a otras que llegaron a mí antes que tú. Así la gente me tendría que aguantar sin ti un poco más.

     Pasará el tiempo, y mi mano, al viento, sólo agarra los sueños que estaban a punto de escaparse, mientras que las parejas de alrededor las llevan bien cogidas, sin espacio para alcanzar su futuro. Tú engañarás a otro diciendo que cada vez que lo hacéis es igual que bonito e intenso como la primera vez, pero sólo estáis follando. Yo, sin ti, me quiero más, sin necesidad de ensuciar esto con el sexo. Espero que no te de miedo saber cómo es mi vida sin ti, porque voy a dar un salto en el tiempo, y sin nadie para agarrarme y ayudarme a caer.

     Tengo un buen piso en una buena zona de la ciudad. Realmente, no me gustaría dejar el barrio. Tú estás con un chico cualquiera, compartiendo piso, gastos, discusiones, etc. Me gustaría ser tan raro como para mirar por una ventana, ver a una pareja feliz y desear tener lo mismo, pero no lo soy, así que bajo la persiana para estar bien sin ti. Podría ir esa misma tarde al cine a ver una peli del actor que nunca estuvo muy de moda y ahora, ya de mayor, se está llevando las mejores críticas. Cosas que hagan más amenas el presente.

     He dormido bien. Salgo por la mañana a dar un paseo, y te veo. Estás saliendo de una iglesia, de blanco. Te tiran arroz y tú sonríes, sin verme. Este sí podría ser el momento en el que empiece a doler estar sin ti. Pero no lo es. Prosigo mi camino, intentando olvidar tu silueta del pecado, mientras voy a tomar algo con mis amigos. Les cuento lo que he visto, y sólo pueden decir “¡LO QUE ES LA VIDA!”. Me acuerdo de esa tarde, en el parque, estando yo sin ti y leyendo, y tú con un chico cualquiera. Y mira cómo ha terminado todo.

     Me encuentro dando clases, soy profesor, por supuesto. El apellido de uno de mis alumnos me es dolorosamente familiar. Siempre es siempre, y siempre me va a perseguir algo de tu recuerdo, hasta cuando he hecho mi vida sin ti y sólo deseo que hubieses sido alma ajena en el templo de mi vida. Puede que todo sea muy extraño, pero es que el desamor, como el amor, no admite cuerdas reflexiones. Al menos este no es tan cursi como Contigo.

     Con mi vida hecha, sólo puedo decir que cada día soy más feliz, que mis ojos brillan mucho, que mis labios han vivido más todavía pero que, desgraciadamente, cada día tengo que escribir un poco sobre ti. Por desgracia, pasado, presente y futuro.

     Han pasado muchos años. Noel, después de sacar muchos discos, volvió con Oasis, ha habido muchos poetas peores que yo, el actor murió y dejó al buen cine huérfano y, por lo que sé, tenemos muchas canas. Pero cuando mi mano arrugada y temblorosa agarra una sábana blanca del dolor que siento, me doy cuenta con mucho pesar de que lo más doloroso que hay en mi interior es el recuerdo de tu silueta del pecado. Y en esa cama del hospital donde me esté muriendo, sólo podré lamentar que me estoy yendo solo, sin ti, porque si algún día me he arrepentido de algo, es de haberme imaginado toda una vida en la que no estás conmigo.


lunes, 23 de febrero de 2015

Nuestro pilla-pilla.

Nuestros culos que saben de camas de hoteles
Y de horas moviendo la lengua.
Para qué quiere un pintor sus pinceles
Si tu sonrisa ya es eterna.
Para qué quiere un escultor sus manos
Si tu figura ya es perfecta.
Para qué quiere un trilero sus dados
Si mi partida no hay quien la pierda.
Porque sé que ganaré
Este estúpido juego
En el que pregunté
Qué pasa si te beso.
Porque sé que perdí
La ilusión del momento
En el que no te di
El final para tu cuento.
Y te invité a jugar al pilla-pilla
Y si te cojo yo, gano un sitio en tus mejillas.

Nuestras espaldas que saben de asientos mullidos
Y de horas escupiendo palabras.
Para qué quiere un carnicero sus cuchillos
Si ya cortan tus miradas.
Para qué quiere un pastelero la crema
Si me gustan las cosas rellenas de tu alma.
Para qué quiere un suicida las venas
Si se las va a cortar mañana.
Porque sé que ganaré
En este estúpido juego
En el que pregunté
Qué pasa si te quiero.
Porque sé que perdí
Lo bonito del momento
En el que no te di
Un último intento.
Y te invité a jugar al pilla-pilla
Y si me coges tú, ganas un sitio en mis mentiras.

Nuestra cabeza que sabe de apoyarse en un cristal
Y de horas dándole al tema.
Para qué quiere el marinero su mar
Si tu tesoro está en tierra.
Para qué quiere un soldado un fusil
Si en tus ojos hay calaveras.
Para qué quiere un piloto subir
Si tan altas no son tus piernas.
Porque no me rendiré
Aunque termine el juego,
Y te preguntaré
Si ya no hay más besos.
Porque sé que perdí
Ese instante, ese momento,
Cuando no te di
Una caja de sentimientos.
Y te invité a jugar al pilla-pilla
Y si te cojo yo, te agarro la manita.

Nuestros pies que saben de bajar escaleras
Y de horas de autocares.
Para qué quiere un corazón las penas
Si me curas todos los males.
Para qué quiere un corazón la voz
Si ya envía postales.
Para qué quiere un corazón más amor
Si con el tuyo ya le vale.
Porque sé que he ganado
Este estúpido juego
En el que te he preguntado
Si voy a ser tuyo luego.
Porque sé que no perdí
Ese instante, ese momento,
En el que no te di
Un millón de besos.
Y te invité a jugar al pilla-pilla
Y nos cogimos los dos, y sabes de maravilla.


domingo, 15 de febrero de 2015

En el último momento.

     Hacía calor, mucho calor. Lo normal en agosto. Había estado un rato con el ordenador, pero básicamente sólo esperaba a que fuesen las 23:00 para bajar un rato a la calle con mis amigos, a que nos diese un poco el aire. Quedaría con Mario y con Jessi, y más tarde, en la parada, con Guti y Yago. La rutina era la de siempre, huir de nuestro barrio para ir a otro mejor, con grandes parques llenos de hormigas y gatos, no tantas cucarachas, y con farolas que se apagasen a las 0:00. También había, y habrá siempre, aspersores programados para salpicar nuestro banco. Y así pasábamos el verano. Me gusta escribir sobre los veranos, porque pasan cosas más interesantes. Aunque a veces del invierno también saco algunas cosillas.

     Pasamos por el chino de siempre a comprar unos Cornettos, que este verano estaban a un euro, y si tenías suerte te tocaba otro. A mí nunca me tocó, pero tengo amigos a los que sí. Suponía que entonces alguien me amaba y en el juego me daban por culo. Si me diesen a elegir entre el amor o un Cornetto gratis, joder, prefiero el helado, y más en verano. Luego íbamos al parque. A veces bajaba más gente. A veces tenían que acabar hasta la polla de las anécdotas de siempre, Grecia, Benidorm, teatro... vaya vida más aburrida. También, cuando no estaba Barbi, hablábamos de cosas paranormales, como fantasmas y esas cosas. Era gracioso. Otro tema recurrente era el de los extraterrestres. Joder, ¿cómo no van a existir? Con lo grande que es el universo, solos no podemos estar. Nunca sobraba el humor negro, cuanto más, mejor. Podría decir que mis amigos y yo somos unos cabrones, pero que yo sepa, no hemos matado a nadie ni hemos robado millones de euros. Tampoco vamos por ahí desahuciando a la gente ni dando palizas a quien no puede defenderse. Pero bueno, si hacer un chiste sobre una desgracia es ser un cabrón, pues lo somos. Había hueco para series y spoilers, películas y spoilers, y música y... crítica.

     -¿Os gustaría saber cuándo os vais a morir? -preguntó nadie, nunca, ninguna de esas noches.
     -No, prefiero que la vida me sorprenda. En este caso la muerte -respondió alguien.
     -Ya, pero si lo supieses, podrías organizarte y hacer una lista con cosas que hacer antes de morir.
     -También la puedes hacer ahora pero sin la certeza de que vas a conseguir completarla.

     Seguimos debatiendo sobre esa gilipollez. La mayoría no querríamos saberlo, y la mayoría haríamos cosas similares antes de morir, como viajar mucho, encontrar el amor verdadero (si es que eso existe, lo cual implica esa búsqueda), tener algo de descendencia (no mucha, que hay que alimentarla), y en general, intentar ser feliz llevando la vida que siempre habíamos soñado. Normalmente es algo difícil, pero joder, esa conversación nunca existió (creo) como sí lo hizo ese verano y como si lo hicieron otras conversaciones parecidas, así que no pasa nada.

     Ahora ha pasado el tiempo, unos meses, y me acuerdo/invento ese momento. Pero he cambiado, he conocido personas y he visto películas y series nuevas. No quiero saber cuando me voy a morir, pero no quiero acabar como Michael Keaton en Birdman, es más estoy haciéndolo al revés, si hago teatro ahora... ¿acabaré haciendo cine? Sólo sé que la vida, hasta donde llegue, tiene que servir para algo, así que en el último momento (o antes) haré con ella o en ella algo estúpidamente bonito, que sirva para que me recuerden, algo como declararme a una chica mientras hago puenting sin cuerda, o algo estúpidamente heroico, como lo que hizo Brad Bellick, ayudar, cerrar los ojos, y que pase lo que tenga que pasar. Y que la ficción tenga en su gloria a la otra ficción.