miércoles, 1 de febrero de 2023

Chema de paseo en el Gólgota

Me he visto en el ojo de un cuervo, en su vuelo negro;

al pie de un muro pétreo, en los ladridos de los perros.

Pasando tanto tiempo con ella cogí cariño a esta tristeza;

el hacha olvida, el árbol recuerda, solo una cruz más en la tierra.


Que me llueva cerca del ombligo la tinta que sepulta mis poemas;

se derrumben los dioses prohibidos con su manzana traicionera.

Se está olvidando de salir el día y dar puntadas a la oscuridad

en la que muere mi algarabía y los rumores nos desterrarán.


Que me traigan su mar, que me traigan su sol;

me cago en su forma de andar y en cómo se marchó.

Que no vuelvan a hurgar y se lleven su olor,

maldigo el lastre al soñar y dejo el insomnio bajando el telón.


Me estoy buscando la vida que la muerte viene sola

en el azul del tuerto que me mira en un horizonte rosa.

Cuando se prenda el arbusto y el calvario quede guarecido

en la penumbra aguardando el susto que me hunda en el abismo.


Que me truene en la cara y me deje en paz el rayo del amor;

y la demora de una tonada sea el despojo de los pasos de los dos.

Se acobarda tras la nube una luna porque desfila aún la luz

en la que nace la amargura como hierba estremecida en un alud.


Que me traigan su mar, que me traigan su sol;

me cago en su forma de andar y en cómo se marchó.

Que no vuelvan a hurgar y se lleven su olor,

maldigo el lastre al soñar y dejo el insomnio bajando el telón.




domingo, 1 de enero de 2023

Aterrizaje forzoso

Vuelve a amanecer y yo con el cielo entre los dientes

por no querer ver más allá de las lenguas silentes.

Abrí la cabeza para escuchar mi canto repleto de letras

que muere desamparado al rodar por las escaleras.


Vi mi sombra y no me reconocí en este río de estrellas

que corren en tu cuello de anís por quienes bostezan.

Cuando marra mi nave por esta nebulosa oscura

solo queda el aterrizaje en una cama colmada de amargura.


Aquí me hallo, dejando rastro en un campo de toronjiles;

el buen descanso en mil años desnudos de sueños febriles.

Maldita la fragua sin agua donde llevar mi chatarra,

fundida será, plata y metal, navajas y azadas.


Me cuelga del pelo la mano ajada que deshizo la madeja,

tan alto en el cielo la luna se está comiendo las velas.

Guárdale un ojo al alhelí que está matando al invierno,

los despojos de la flor que rompí solo azuzan el silencio.


Tomando la tierra, cansado ya de ser hombre,

sucede en mi mesa que han robado las naves de azogue.

Vi mi reflejo y no me reconocí en esta perra de entierro,

trajino solo por vivir pero esta caja me abraza los huesos.


Y aquí me hallo, dejando rastro en un campo de toronjiles;

sin más reparo que beber con mis manos de frentes febriles.

Maldito el corazón sin sangre que ya no sabe latir,

patada y al arcón que ya no me vale ni para ensuciar y huir.




jueves, 15 de diciembre de 2022

El tambor de mi caballo

 Están bailando las piedras ahora que viene el otoño,

siguen el son del odio que cantan nuestras letras.

Qué de espuma tiene esa rabia cuando dices "monstruo",

pero ahora que estoy solo no duelen las mañanas.


Y se hará largo este invierno como una despedida,

como el aire sin prisa cuando muera este verso;

que se ha chocado con un bardal que cuida el corazón,

ya nunca seremos dos, solo la inquina será par.


Vete, al tambor de mi caballo que ya no tiene amarre

porque no hay pecho cobarde a la sombra de tus manos.

Corre, mis caballos tocan el tambor con la piel tensa,

ya dormirán la hoguera cuando prenda el último restregón.


Está descosido el traje blanco por la punta de una llave

que cierra lo que ya sabes porque nunca cesa este rayo.

Qué de rojo tienen tus ojos cuando vas contando

que si veo una flor en un charco me ahogo.


Y se hará breve esta estación cuando caigan las caretas,

cuando sigamos la estela del eco al gritar "adiós",

que resiste en esta gruta y resonará por siempre

como decir lo que duele y que sangre la amargura.


Vete, al tambor de mi caballo que ya no tiene amarre

porque no hay niños cobardes colgando de un árbol.

Corre, mis caballos tocan el tambor ya con flojera,

huelen el humo de la hoguera agostando el amor.





miércoles, 23 de noviembre de 2022

Esta sangre de quién es

Ay, cómo canta el río como lo hace la sangre

debajo de su piel. Estas orillas de jacintos

lavan cristales que suenan a vals vienés.

Hasta en tu hombro llorará la muerte

porque eres consuelo y atardeceres.


Ay, cómo baja de la montaña blanca la nieve

como en su cuerpo. Estos panderos de madrugada

cada vez que vuelves, ese martillo en mi pecho.

Hasta la casa es un laberinto

sin tus fotografías en los pasillos.


Y me pregunta la soledad lastimosa de dónde vengo;

a ti qué se te importa, si del bronce o del veneno.

Y mi desamparo al ver arder los romances nunca escritos

no puede con tanto querer que cuelga en un junco torcido.


Ay, cómo trotan caballos como lo hacen los dedos

por su espalda. De estas rosas me quedo con el tallo

que ya está el campo yermo por mucho que esté llorada.

Hasta en tu pelo se esconde el sol

porque eres un mundo de lluvia y marrón.


Ay, cómo vuelve la primavera en tus prados

como en tu figura. Esta risa que nunca llega

es un cisne sin el canto, es la noche sin la luna.

Hasta la casa está en ruinas

sin tus manos para zurcirla.


Y me pregunta la soledad lastimosa de dónde vengo;

a ti qué se te importa, si a veces gano y a veces pierdo.

Y mi melancolía al ver romper los romances nunca escritos

no puede con tanto doler que se muere cuando estoy dormido.

Y me vuelve a preguntar la soledad lastimosa

si llevas en tus muslos campos de amapolas,

si llevo yo la sangre de Soledad Montoya.




domingo, 23 de octubre de 2022

John Boy

No soy un santo pero tampoco una puta,

no soy basura pero estoy destrozado.

Tan boreal pero tan apagado,

lo tengo claro en esta ambigüedad.

He estado pensando sobre cómo pensar

y solo me veo caer. No te estoy engañando

y te vas a decepcionar otra vez.


No soy un tipo elegante pero tampoco un despojo,

no soy un demonio pero en mis infiernos te quedaste.

Tan cordial pero tan lleno de mierda,

no es que me muera pero la vida se me da mal.

No tengo un don y es un misterio

conocerme tanto. No soy lo mejor,

lo que tengo es lo que te he dado.


Y como en esa canción, también llevo media vida huyendo;

me estoy conociendo por dentro y es lo que soy…

No tengo miedo a la muerte, simplemente no quiero;

guarda las cuchillas tras el espejo, no me apetece verme.


No soy el rock and roll pero tampoco una balada,

no estoy en calma en casa hay un ciclón.

Tan mojado pero la ropa está seca,

siento que el ego pueda pero me estoy esforzando.

He estado pensando sobre cómo pensar

y solo salen canciones. Te he estado dedicando

el pensamiento circular todas las noches.


No toca rezar pero tampoco es una blasfemia,

mientras la gente llega no dejo de escapar.

Todo tan gris pero tan encendido,

me he prometido no dejar de escribir.

No tengo un don y es un misterio

conocerme tanto. Es una oración

sobre dolernos y seguir resucitando.


Y como en esa canción, también llevo media vida huyendo;

me estoy conociendo por dentro y es lo que soy…

No tengo miedo a la muerte, simplemente no quiero;

guarda las cuchillas tras el espejo, no me apetece verme.




jueves, 13 de octubre de 2022

Simbelmynë

Esta casa ya no es casa, sus paredes son el lugar

donde se pudren las entrañas y no he de brotar.

La vida antes de ti era blanca y negra

y yo te pinté de gris, yo te pinté las penas.


Este mar ya no es mar, no parece conocer orillas;

ya empiezo a llorar y a besar el suelo con las rodillas.

Las flores antes de ti eran todas un eclipse,

ahora son todas marfil, son todas nomeolvides.


Esta cama ya no es cama, es un reguero de muertes

que llevo a mis espaldas y donde la vileza crece.

El aire antes de ti era toda una corriente de besos

y ahora solo saben de huir y de la muerte del deseo.


Este mar ya no es mar, sus tesoros solo son dos anillos;

y lo que tenga que llegar será el laurel y un zafiro.

Un gato antes de ti era la luna follando en los tejados

y ahora es todo el dormir en el hueco que has dejado.


Esta ducha ya no es ducha, no moja pero ahoga

y de sal será la tumba y flores blancas que adornan.

El agua antes de ti corría por el lecho de tu espalda

y nada lo que tenga que decir, salen húmedas las palabras.


Este mar ya no es mar, son los restos de tu piel

que han echado a sudar el olivo que volveré a ver.

La tierra antes de ti era un suelo firme y casa,

ahora son más ruinas de un país y el tiempo pasa.






jueves, 24 de marzo de 2022

Hundiste Lemuria

He soñado con la saliva en la nieve,

la lascivia entre los dientes, mismo laberinto

 y distinta salida pero siempre eres

el rayito de luz que asoma en el exilio.


Pon los vasos del revés y atrapa debajo el tiempo,

sácame de mi vida en silencio; envejecer y morir

en Topanga Canyon Road pero insatisfecho

porque tus besos ya no sabrán de mí.


Tú, tan grande que tapas la luna,

llorando hundiste Lemuria y sé

que en este albero respira mi ruina

y después de ti ya no sabré qué perder.


Me despierto porque me está mirando el miedo,

solo soy yo desde dentro porque este malear

que llevas colgando no es amigo pero tampoco ajeno;

ha salido de mis tripas hacia el río a lamentar.


Pon los relojes a deshora y que nos la sude el tiempo,

en este “siempre” nos tocaremos para pedir perdón,

se me ha dado mal entenderte entre mis dedos,

se me ha dado mal entenderte como una adoración.


Tú, tan de plata que te envidia la luna,

llorando hundiste Lemuria y sé

que entre otras tierras sembraré la tuya

porque si te vas solo puedo saber perder.


Yo puse la cuerda y tú hiciste el nudo,

en mi garganta ahora vive desnudo

y solo le salva el roce de los caracoles,

la mirada que hace de noche mil soles,

una nariz que me apunta al cielo,

la boca que sopla y congela el infierno

y si me acuerdo me tengo que olvidar

de las nubes, la tierra, la nieve y el mar

porque si hundiste Lemuria

en tus manos navegaremos

pero nunca, nunca

naufragar.