miércoles, 24 de mayo de 2023

La crónica francesa

      Hay, o siento, un desarraigo de la realidad cuando me tocas, y eso que apenas ha sido un roce leve, suave, severo, pero no tengo cortinas en el salón y está bien que las personas del edificio de enfrente puedan ver algo más que a un tipo en bata escribiendo de vez en cuando; y han podido ver ese roce lacónico, sensible, de los que pueden acabar con tus talones sobre mis hombros. Pero solo sonríes y miras a la televisión, y no sé si está encendida y estás saliendo tú en esa película o está apagada y estás saliendo tú en el reflejo negro, orgullosa de las dos cosas. Sonríes y se te alzan (más) los pómulos blancos, sonrojados, afilados, y con los ojos me preguntas porque tú también te lo has preguntado alguna vez que por qué todo es desde el punto de vista del escritor y nunca desde el de la amante. Me miras con una necesidad imperiosa de soledad al ver que esto va a ser más de lo mismo, más de lo de siempre. O no.


     Perderemos el miedo porque nos amaremos un instante y volverá en cuanto nos amemos despegados, perdidos y lejanos, porque este sofá níveo y perlado en mitad del salón es más grande que un mundo y que el miedo, y es tan alto si yo quiero que pierdo el vértigo como lo haría Sabine Moreau, que es un nombre que va contigo, con tu cara, con tus pómulos, y miras la pantalla, que esta sí está encendida, y no ves tu reflejo, no ves tu cara ni tus pómulos, ¿tienes los dientes un poco separados? pero ves tu gesto, tu caricia y tus talones, ves este salón y a veces hay ilusión. Llueve pero tú no ves que esté lloviendo. Me miras y la mirada me pide que siga, no sé si escribiendo o con tu piel. Llaman a la puerta.


     Me he puesto de pie y me has dicho que escribo bien, o decentemente, y claro, si no lo hiciera no estarías aquí. Tienes miedo, no sé si de la sinceridad o de que esto sí es desde el punto de vista de la amante, no tanto del escritor, pero sí su voz, y mucho menos del amor, pero amantes somos todos y tienes miedo, tardo unos siete segundos en abrir la puerta y entiendo tu miedo, porque esto trata sobre amantes y reconoces las voces, los nudillos y no sé si el olor. Y te levantas y te tapas y él y yo te miramos, él enfadado y yo triste, él porque estabas destapada y yo porque te tapas y es que vestirte es ponerle techo al invierno y callar las chimeneas, pero te tapas y hay, o siento, un puñetazo de realidad, y de piel, huesos y rabia de dentro hacia fuera. Y estás viendo cómo está terminando todo, y por eso casi nunca es sobre los amantes y es más sobre el escritor, que yo hubiese seguido con la lluvia ahora que te has percatado de que llueve, de que no tengo cortinas y de todo lo que se ve y han podido ver las personas, del larguísimo sofá blanco y por supuesto que hubiese sido de ti, sobre ti y desde ti.


     Saldría tu susurro erizante en mi oído, el roce sería más que un roce pero es que ha sido un puñetazo y yo me río y me acuerdo de esa frase de James Bond. Pero nosotros no seremos porque te quieres ir pero él ha entrado y me gustaría arrepentirme pero no funciona, cómo hacerlo con esa mirada, ese roce, esos pómulos, esa sonrisa, sí, tienes los dientes un poco separados y él lo sabe y grita, pero llueve, los dos lo sabemos ya y bueno, hemos sido valientes un tiempo. Y lo seremos. Y sube y baja, como siempre algo lo hace en este salón, y la vida es en parte buscar placer y hallar dolor. Fuera está lloviendo pero yo siento el agua aquí, porque se ha ido, te has ido pero me has dejado de recuerdo la necesidad imperiosa de soledad.






jueves, 11 de mayo de 2023

Poema agarrao' (si te encuentro dormida)

Se encorajinan las estrellas porque salen a su sombra

entre las farolas rotas y ni aun así te acuestas.

Porque dicen que me esperes, que ya serás culpable

de que se haya hecho tarde y siga con el poema veinte.


Y quiero mudar al lado salvaje, que no le sobren horas

a esta noche que nos arropa para arrancarnos la carne.

Saldrá por nuestra piel, solo si al final le pongo osadía,

antes de que nos encuentre el día, almizcle, la rabia y la miel.


Si supieras que gritas silencio y yo sigo esta conversación

de luna y balcón hasta que me duermo.

Y tú ya estás dormida entre ajedreas y lirios;

y me pierdo en el pasillo de esta casa en ruinas.


Que le jodan al tiempo y la tierra que convenimos juntos

en el ahora y en el mismo mundo con nuestros cuerpos cerca.

Con el vacío de mi pecho roto, con la plata de la luna en tus piernas;

ay, agárrate a mí y a este poema, no cabrá un susurro entre nosotros.


Te quiero despertar a bocados, que se quede sin uñas la oscuridad

de arañar las persianas pa’ escapar de lo que estamos soñando.

Saldrá sin ser, ni oír, ni dar, cuando quiera asomarse el sol

y nos encuentre a ti, a mí o a los dos con su incandescente realidad.


Te digo que gritas silencio y yo sigo esta conversación,

te callas pero en este corazón tú dices más y yo atiendo menos.

Y tú te haces la dormida entre el canto de los grillos,

yo bailo por los pasillos hasta una cama fría.




jueves, 13 de abril de 2023

El lugar al que van las miradas perdidas

Mis pies llevan a un bosque podrido, de troncos heridos,

para que ruede mi cabeza bailando por la esparraguera

después de cruzar palabras y horas, te las voy a dedicar todas,

y que se salgan de los renglones como el morado de los corazones.

Y en este desierto de arena no hay mar, pero te daré mi saliva

cuando tu boca la pida por si las lenguas quieren nadar.


Será nuestro harapiento secreto, lo sabrá la punta de mis dedos

al mimarte bien suave los labios cuando el sol se quede callado

después de beber besos y ginebra, ríos cayendo en las piernas

para que se empapen las manos si nos secamos de tanto tocarnos.

Y en este mar de cemento solo hay amapolas, pero si me miras

se desboca la primavera por las esquinas para que no estén solas.


Mis pies llevan a un bronco barranco, el precipicio al que lanzo

mi pecho que se ha descosido sacando un amor sacado de quicio

después de cruzar palabras y brazos, queda por hacer quedarme a tu lado,

lo pondré en todas las libretas, tú eres el verso que buscan los poetas.

Y en este mar las olas son espigas, sigo un rayito de luna para llegar

al lugar al que van las miradas perdidas.


Será nuestro enigma teñido de vino, lo sabrás cuando estés en el olvido

y te encuentre desnuda en un sueño, así dejaré el balcón abierto,

que vengo de contarle al papel lo que hace mi noche con tu piel

porque a nuestras madrugadas se las follará una tormenta que escampa.

Y en este desierto se funde el tiempo para que no deje de sonar

en tu espalda un cigarral donde se estrechan dos cuerpos.




martes, 21 de marzo de 2023

Cruce de miradas en el limbo

Ya me lo dijo Leiva, hay que ponerle sangre al grito,

pero este río que me lleva no conoce mares tranquilos.

Sonó la casa morada rompiendo sus paredes,

no hay manos ardiendo que aguanten estos atardeceres.

Así que me fui pensando en volver

y cuando llegué yo ya estaba allí.


Y en un estado infinito, más muerto que vivo,

crucé miradas con Zahara en el limbo.

Me olvidé de la ruina creciendo en las ausencias,

sigue habiendo gente feliz a dos metros bajo tierra.

Así que por donde piso ya no crecen las rosas,

he visto cosas que solo tú has visto.


Ya me lo dijo Leiva, fue esa puta electricidad,

pero este cuerpo que se quema solo conduce el mal.

Sonó lo que nos merecemos rompiendo con un grito el sol,

no hay semana que se acabe en un domingo de resurrección.

Así que en el espejo no veo la verdad,

por algo será este trago de veneno.


Y en un estado desconocido, más muerto que vivo,

crucé miradas con Zahara en el limbo.

En una habitación de hotel en la nunca he estado

solo escucho una canción que no ha salido de mis labios.

Así que por donde fui solo crecen los incendios,

fuimos un mar en el desierto, solo un error más que cometí.




lunes, 20 de marzo de 2023

Yom Kipur algo tardío

Llegó cuando tuvo que llegar y sin grilletes,

sin vivir en los papeles y húmedo de llorar.

Porque no ha querido salir, será por invierno;

porque me ha llevado al infierno, hogar de arrepentir.

Y yo vuelvo a saber, y tú vuelves al ladrido

de los pechos partidos, del recuerdo en la piel.


Creerás en buen momento que no hubo perdón,

ni gotitas de limón para estos dolores al viento.

Porque cuando quiso salir se aventó la primavera;

porque azotó un mar de mierda mi torre de marfil.

Y tú quieres saber, y yo vuelvo a destripar

con manos de cristal el mundo que no pudimos ver.


Y si no pasa en esta vida, que se reencarnen los valientes,

con una ya he tenido suficiente para abrazarme a las heridas.

Y si se deja ver ahora la gracia, será un beso en un naufragio

y la balsa un ataúd sin clavos, pero el pasado nunca un ancla.


Lloré cuando te tuve que llorar donde el sueño muere,

hay un altar donde uno vuelve pero no cruza el umbral.

Porque no quiso salir estando cerca tu cuerpo;

porque el quebranto de cemento es un libro sin abrir.

Y yo vuelvo a leer, y tú a los pesares escritos

de lo que nunca te he dicho, de una procesión de doler.


Sabrás, llegada la hora, que esto fue lo mejor,

cuando padecer es cosa de dos y reír de una persona sola.

Y cuando por fin salió se disfrazó de silencio,

incendió bosques y templos y ni siquiera apagó el corazón.

Y tú quieres saber, y yo solo quiero nadar

un arroyo turbio de cal y que tú puedas renacer.


Y si no pasa en esta vida, que se reencarnen los valientes,

con una ya he tenido suficiente para abrazarme a las heridas.

Y si se deja ver ahora la gracia, será un beso en un naufragio

y la balsa un ataúd sin clavos, pero el pasado nunca un ancla.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Chema de paseo en el Gólgota

Me he visto en el ojo de un cuervo, en su vuelo negro;

al pie de un muro pétreo, en los ladridos de los perros.

Pasando tanto tiempo con ella cogí cariño a esta tristeza;

el hacha olvida, el árbol recuerda, solo una cruz más en la tierra.


Que me llueva cerca del ombligo la tinta que sepulta mis poemas;

se derrumben los dioses prohibidos con su manzana traicionera.

Se está olvidando de salir el día y dar puntadas a la oscuridad

en la que muere mi algarabía y los rumores nos desterrarán.


Que me traigan su mar, que me traigan su sol;

me cago en su forma de andar y en cómo se marchó.

Que no vuelvan a hurgar y se lleven su olor,

maldigo el lastre al soñar y dejo el insomnio bajando el telón.


Me estoy buscando la vida que la muerte viene sola

en el azul del tuerto que me mira en un horizonte rosa.

Cuando se prenda el arbusto y el calvario quede guarecido

en la penumbra aguardando el susto que me hunda en el abismo.


Que me truene en la cara y me deje en paz el rayo del amor;

y la demora de una tonada sea el despojo de los pasos de los dos.

Se acobarda tras la nube una luna porque desfila aún la luz

en la que nace la amargura como hierba estremecida en un alud.


Que me traigan su mar, que me traigan su sol;

me cago en su forma de andar y en cómo se marchó.

Que no vuelvan a hurgar y se lleven su olor,

maldigo el lastre al soñar y dejo el insomnio bajando el telón.




domingo, 1 de enero de 2023

Aterrizaje forzoso

Vuelve a amanecer y yo con el cielo entre los dientes

por no querer ver más allá de las lenguas silentes.

Abrí la cabeza para escuchar mi canto repleto de letras

que muere desamparado al rodar por las escaleras.


Vi mi sombra y no me reconocí en este río de estrellas

que corren en tu cuello de anís por quienes bostezan.

Cuando marra mi nave por esta nebulosa oscura

solo queda el aterrizaje en una cama colmada de amargura.


Aquí me hallo, dejando rastro en un campo de toronjiles;

el buen descanso en mil años desnudos de sueños febriles.

Maldita la fragua sin agua donde llevar mi chatarra,

fundida será, plata y metal, navajas y azadas.


Me cuelga del pelo la mano ajada que deshizo la madeja,

tan alto en el cielo la luna se está comiendo las velas.

Guárdale un ojo al alhelí que está matando al invierno,

los despojos de la flor que rompí solo azuzan el silencio.


Tomando la tierra, cansado ya de ser hombre,

sucede en mi mesa que han robado las naves de azogue.

Vi mi reflejo y no me reconocí en esta perra de entierro,

trajino solo por vivir pero esta caja me abraza los huesos.


Y aquí me hallo, dejando rastro en un campo de toronjiles;

sin más reparo que beber con mis manos de frentes febriles.

Maldito el corazón sin sangre que ya no sabe latir,

patada y al arcón que ya no me vale ni para ensuciar y huir.