Tierra de secano y arena
Que empolva mis venas
Tosen ceniza al sol
Sabe que son estas piedras
Grises que me pesan
Cuando hace calor
Si fuimos una sibila
Y ardimos hasta el rescoldo
Hoy sólo queda ceniza
Y huellas en el lodo
Ayer fuimos naranjos
Mañana un ciprés
Un día lo tuvimos todo
Todo bajo nuestros pies
Tierra que me ha visto nacer
Que me viene a despedir
Cuando pasa el tiempo
Ya no hay nada que hacer
De joven supe vivir
Y marcharme de viejo.
martes, 27 de marzo de 2012
jueves, 1 de marzo de 2012
Biblioteca [2].
Tap. Tap. Tap.
Estaba empezando
a llover. Eran cuatro gotas, pero anunciaban muchas más, así que
aligeré el paso. Tendría que haber cogido paraguas, pero
siempre lo había visto como un peso inútil. Me gustaba imaginarme como me
verían los demás. Una tarde gris, un tipo de negro y muy serio. Iba a estudiar
a la biblioteca, así que no tenía mucho sentido sonreír. Me cogió el chaparrón.
Mierda. Cuando llueve es como si los coches corriesen más. ¿Tienen prisa? Si el
que va dentro no se moja. Ya estaba llegando. Tendrían la calefacción puesta.
Mi mesa favorita
estaba vacía. Perfecto. Mirando a la entrada, pegada a un buen radiador y con
la salida de emergencia a menos de seis metros. Se estaba caliente y a gusto.
No era muy propicio para estudiar. Si más para amodorrarse. No había mucha
gente. Universitarios estudiando en ese mundillo naranja. Qué iluminación más
cálida. Saco mis apuntes y leo. Releo. Vuelvo a releer. Apasionante. Un amigo
dice que lo más apasionante en esos momentos aburridos es que cayese un avión
en ese lugar, en ese momento. Lo siento por los pasajeros, pero ahora mismo eso
me animaría.
TAC. TAC. TAC.
¿Quién cojones
lleva tacones a la biblioteca? Levanto la vista y las veo. Dos chicas. Una no
está mal. Pero el feto caminante que es su amiga es horrendo, y es la de los
tacones. Sólo por tu puta amiga no me casaré contigo. O al menos no hoy. Se
sientan en una mesa que hay en frente mía. Cuchichean. Alguien chista. Se
quedan cinco minutos calladas y vuelven a cuchichear, y encima no es sobre mí.
-
¿Os podéis callar, por favor? –dice un chaval.
-
Sí, sí. Perdón –contestó la guapa. La fea no sabrá ni
hablar. No creo que haya nadie capaz de educar a esa cosa.
Podía ser muy
guapa esa chica, pero ella y su amiga me estaban poniendo de los nervios.
Cuchicheaban más bajo aún. Me puse a dibujar en un folio. La tinta azul era
valiosa, así que cogí el bolígrafo rojo. Empecé a hacer líneas sin sentido en
el papel. Cada vez más y más nervioso. Cuchicheos y chistidos de fondo. De vez
en cuando pasos. Entra gente. Sale gente.
TAC. TAC. TAC.
Cada vez más
tacones. Me empezó a doler la cabeza y no podía concentrarme. La fea soltó una
carcajada, se tapó la boca y se puso roja mientras intentaba aguantarse. Ojala
explotase.
-
¿Está libre? ¿Me puedo sentar? –me preguntó un chico
castaño y delgado señalando un hueco vacío en la mesa.
-
No si valoras el poder caminar.
Me salió solo. Yo
no solía ser tan borde. La chica guapa y su amiga me debieron escuchar decirle
eso al chico. Se me quedaron mirando y volvieron a cuchichear. No aguantaba
más. Cogí el bolígrafo rojo con todas mis fuerzas.
-
¡Eres una jodida puta fea! ¡Cállate de una vez, zorra!
–y le clavé el bolígrafo a la fea en el ojo. Toda la biblioteca me estaba
mirando. Su amiga, la guapa se puso de pie, llorando, gritando. Estaba
colorada. Intentó huir-. ¿Dónde crees que vas?
Corrí detrás de
ella y la empujé de boca contra el suelo. La gente de la biblioteca me miraba
pero no hacían nada. O estaban asustados o era su héroe. Podrían estudiar en
paz. La chica, en el suelo, se giró. Le sangraba la nariz y me pedía perdón. Yo
tenía la mano llena de sangre de su amiga fea. Espero que no me salgan
verrugas. No me gustaba la gente llorona.
-
¡Tú y la puta de tu amiga os lo habéis buscado! –y
levanté la pierna para poder darle una patada en la cara. Pero un golpe me lo
impidió. El hijo de puta de seguridad me había dado una hostia con una porra.
-
¡Quédate donde estás chaval! Ya viene la policía.
-
Tú serás el siguiente, cabrón. Te voy a acuchillar
hasta que tu sangre oxide mi cuchillo.
Y salí corriendo.
Por eso es importante para mí estar cerca de la salida de emergencia.
martes, 14 de febrero de 2012
La estaca de febrero.
Nos dimos dos inviernos para llegar a febrero
Y hacer una cruz en medio del calendario
Porque todos los días soy libre de te quieros
Y el catorce no aguanto ser solitario
Cercené las cabezas de las rosas que
Tú, tan oscura y sin embargo luminosa,
Esperabas y yo no te regalé
Y cogí la saliva de los besos que
Yo, tan cerca y a la vez tan lejos,
Te pedía y no me dabas más de mil
Y pensé cuando te ibas sin despedirte
Por no seguir jugando a malherirte
Que no te volveré a ver
Comprendí que desde este momento yo
Fundiría mi corazón con el hierro
Y lo soldaría contra ti
Retocé entre sábanas sucias que
Tú, manchaste con el sol a oscuras,
Y que con mi piel limpié
Y me fui de este triste sentimiento que
Tú y otros llamáis alegres cuentos
Con sus hadas muertas cuando pone fin
No quiero ser tórtola en tu nido
Ni picar lombrices, y en tus alas dormido
Soñar con una ventana, que dé a una mañana
Donde si me atreva a estar contigo
Y yo, yo no baje la persiana
Nos dimos dos inviernos para llegar a febrero
Y clavar una estaca en el calendario
Que para mí todos los días son flor de floreros
Y el catorce rosas de enamorados
Arranqué los clavos de este cuadro que
Tú, me pintaste con tus manos,
Cuando aún había pared
Y mentí cuando dije que no te quería
Si vivir sin ti no es vida
Y hasta que no te tuve no lo descubrí
Me peiné para poder echarle al viento
Todos los males que llevo dentro
Que se hicieron hueco por mi sed
Confundí el que estuvieras cansada y
Yo, cantándote en las madrugadas,
Hasta que los gallos me dejen ir
Te querré aunque de otra prendan mis pestañas
Ya sea idiota y aún así lleve mi alma
Y tú estés vomitando miel
Y te vi colgando de otra nube que
Sólo me enseñó que no te tuve y
Yo corriendo con prisa a por ti
No quiero ser tórtola en tu nido
Ni picar lombrices, y en tus alas dormido
Soñar con una ventana, que dé a una mañana
Donde comer perdices contigo y yo
Y yo no baje la persiana.
lunes, 2 de enero de 2012
Yo querré un año desecho.
Despedí el 2011 como no se podía haber despedido. Contigo y con mucho rock and roll. ¿Y ahora qué? Año nuevo, nuevos propósitos. llevo sólo aquí dos días y ya se me antoja el año como una mierda. El tiempo se me va por culpa de folios llenos de palabras y tú te me vas como se fueron las 28 canciones que viví contigo. pero fue una buena noche. No creo que se repita, por suerte sé guardar muy bien los recuerdos en los que sale tu cara. Te miré mucho en "Corazón de mimbre". Son historias que nos suenan. Historias que pasan de un año para otro. No espero mucho de este 2012 la verdad, pero nunca se sabe lo que puede pasar.
Muchas gracias a Javier Feu y a Víctor Navarro, por hacerme compañía en el concierto, y muchas gracias a ti por hacerme muy buena compañía en el concierto, aunque cantamos más que hablamos.
Ya repetiremos en otra ocasión con otras canciones, o no.
Por cierto, sigo escribiendo, mucho. Muchísimo. En verso casi a diario. En prosa sigo con mi novela.
Muchas gracias a Javier Feu y a Víctor Navarro, por hacerme compañía en el concierto, y muchas gracias a ti por hacerme muy buena compañía en el concierto, aunque cantamos más que hablamos.
Ya repetiremos en otra ocasión con otras canciones, o no.
Por cierto, sigo escribiendo, mucho. Muchísimo. En verso casi a diario. En prosa sigo con mi novela.
domingo, 6 de noviembre de 2011
El entierro (V). Y adios (temporalmente, creo).
Yo hago la luz de noche en el campo y no soy la luna
Si me mirases de plata se queda tu pupila
Pero me miras cuando estoy sin vida por tu culpa
Reflejo del beso que a mis ojos, al infinito guía
Respiras y yo te ayudo desde atrás soplando
Hablas sola esperando a que conteste
Pero escuchas al aire, te estoy diciendo algo
Dale a la pala sin prisa, no creo que despierte
Arena, sudor, rendición y remordimientos
Arena, sudor, lágrimas y yo soy el viento
Arena, sudor y saliva, el barro de mi entierro
Patadas que no duelen para meterme al hoyo
Sufriendo y haciendo sufrir hasta el último segundo
Sueltas palabrotas que piensas que no oigo
Pero estoy detrás tuya hablando, estamos juntos.
Puñalada certera y me sacas el corazón
Vísceras infectadas que no te dan asco
Quizás se te pega algo de amor
Al fuego mi pecho y el tuyo en un frasco
Arena, sudor, rendición y remordimientos
Arena, sudor, lágrimas y yo soy el viento
Arena, sudor y saliva, el barro de mi entierro
Reír o llorar mientras te deshaces de mi recuerdo
Tal vez me entierres pero no te deshaces del tuyo
Reír o llorar mientras voy apareciendo
Tras abrir los ojos, brillamos juntos
Arena, sudor, rendición y remordimientos
Arena, sudor, lágrimas y yo soy el viento
Arena, sudor y saliva, el barro de mi entierro.
_______________________________
El entierro... estas dos últimas cosas que he subido, fueron de las primeras en ser escritas, pues son la segunda parte de Verde y Amapolas, y ya que el blog empezó con eso, es lo más normal que termine con esto.
Adios, ¿por qué?, bueno, es fácil, todo esto empezó con ella y por ella, ahora termina con ella y por mi. Realmente no sé si ha cambiado algo, es sólo que ya no... bueno, paso de hablar de esto.
Es una pena dejar esto tal día como hoy, el día que cumple 1 año. Un blog tan especial en el que todo, hasta el más mínimo punto tiene sentido, aquí no hay nada de azar. También sé que no todo lo que hay en el blog es bueno, hay cosas que no me gustan nada de nada (Verano fatal/A oscuras, wtf? no me gusta nada, estos de El entierro tampoco mucho, pero con algo hay que terminar), y hay otras a las que tengo un cariño muy especial (Verde y amapolas sin ir más lejos, Lágrimas de cubo de basura, casi todo lo que había al principio, el Sigues en vena de ahora del final, los diálogos de los dos genios, que ya son 10)... Bueno, el caso es que aquí se queda todo, no lo cierro porque sé que volveré, pero NO ahora. Releed amigos, releed y dudad.
Chao.
lunes, 31 de octubre de 2011
El entierro.
Brilla. Resplandece. Un halo plateado bordea todo su cuerpo. Si pudiese verle se quedaría ciega. Pero no, no puede. Ella sólo ve su otra versión. La inerte, sin vida en el suelo. Lleno de heridas y moratones. Con la mirada clavada en el infinito que se corta solo por un beso que no pudo sentir.
El fantasma la observa desde detrás de su hombro. Él no creía en fantasmas, hasta que se convirtió en uno de ellos. Y allí estaba, como la nada en el todo, y el todo era un descampado cualquiera, donde ella cavaba un agujero para enterrarle.
- En qué maldita hora pensé en matarte- decía pausadamente a causa del cansancio-. En qué puta hora. Sí, te digo a ti. No me mires así. No sé ni por qué espero que me contestes.
- ¿Acaso no ves que me has matado? Si hablase ahora mismo te morirías de miedo, lo cual estaría bien, así podríamos comunicarnos en nuestra forma de fantasma. No sé ni para qué te contesto, si no puedes oírme.
Ella seguía cavando y lo que el fantasma acababa de decir sólo fue viento. A él le gustaba verla en ese estado, al menos se esforzaba por algo que tenía que ver con su especie de relación. Cada gota de sudor era un poco de sacrificio que ella hacía por ocultar sus sentimientos. Cada mota de barro en sus manos y zapatos era un poco de redención hacia ellos.
Cuando el agujero fue lo bastante grande, lo metió dentro a patadas.
- Porque no te quiero dejar de joder ni aunque estés muerto. ¡Idiota!- y escupió encima del cuerpo.
- Traduciré esa falta de respeto hacia mi cadáver como rabia por no volver a saber nada de mí en cuanto me entierres.
- Este viento me pone los pelos de punta- dijo ella al aire.
- ¿Y qué pasaría si te tocase?
Y el fantasma alargó su mano hasta el hombro de la chica, que solo sintió un frío intenso en la zona. Típico, pero emocional. Tal vez empezaría a creer que algo le seguiría de por vida. ¿Acaso los fantasmas que persiguen a los atormentados no son más que remordimientos?
Fuera lo que fuese, ella sacó un pequeño puñal de plata, y antes de cubrir el cuerpo con vergüenza en forma de tierra, rajó el pecho al chico. No sangró, todo se había quedado en las amapolas de su cuarto. Pero si encontró allí el corazón. No le dio asco cogerlo. En el último momento de pedir clemencia a su cerebro no había nada de exquisiteces.
- Tal vez…- y se paró, no muy segura de qué hacer-. Tal vez… sí… lo quemo.
- ¿Quemarlo, para qué?- preguntó el fantasma, sólo para que algo de viento hiciese recapacitar a la chica-. Aunque bueno, ahí dentro ya no me va a servir de mucho. Además, sabes que era tuyo desde el principio.
- El viento, me lo dice el viento. El fuego ayuda a cicatrizar, y mi herida es más grande que tu muerte, pedazo de gilipollas.
Lloraba, o reía. No se sabía. Estaba loca como ella sola podía estarlo. Al lado del cuerpo aún sin enterrar del todo, hizo una pequeña fogata. Sin pensárselo dos veces, arrojó el corazón a ella.
- Adiós- dijo.
El crepitar del fuego acompañaba el ritmo de paladas que daba. Algo estaba ocurriendo. El fantasma empezó a dejar de brillar. Se quedaba sin halo. Suponía que solo le quedaba desaparecer. Empezó a gritar, lo que causó que se levantara una ventolera alrededor de la chica. Pero no, no era eso…
- ¿Qué haces tú aquí?- tenía los ojos como platos y la cara desencajada en una mueca de terror mezclada con asombro-. Yo te maté.
- Pero te equivocaste. La muerte no es la mejor manera de sacarme de tu vida. Si no, la gente no echaría de menos a los que se van. Y el fuego no sirve para quemar recuerdos, todo lo contrario. La llama los aviva, los hace brillar más.
- En ese caso, tendré que rendirme.
- Ya te habías rendido mucho antes.
Y los dos empezaron a brillar y a resplandecer. Se cogieron de la mano, se mezclaron sus halos de plata y juntos iluminaron en la oscuridad una luz que nadie vería, pero que sentirían a través del viento.
Nota: Como creo que a esto le quedan dos telediarios, vamos a ir terminando con todo. Así acaba verde y amapolas en versión prosa, próximamente en verso, con mensaje de despedida y esas mierdas. A cuidarse.
lunes, 24 de octubre de 2011
Sigues en vena (V).
Sigues en vena y no sé cómo sacarte,
los girasoles no saben cómo mirarte.
Si el tiempo es oro, con el brillo de tus ojos
me haré un reloj que voy a dejar parado
en el segundo exacto en el que nos miramos.
Sigues en vena y yo estaba volando,
y tú un cazador que busca presa en mayo.
Si sigue lloviendo azoto a dentelladas
un fuego caliente que turbe la simiente
que salió al frotar tus alas de hada.
Deja el zaherir para la hora de morir,
cuando no me importe tu desespero.
Cúcame una miradita que avive el brasero,
que no tengo tobillo para tanto rescoldo,
ararlo que tengo que plantar besos rotos.
Sigues en vena y qué coño haces ahí,
que ha llegado el otoño y tú, florido pensil.
Le pedí al prelado que se guarde su limosna
y que me echen en el saco un poco de tu ropa.
Zahorí en tu cuerpo no encontré ni un sentimiento.
Sigues en vena y me estás matando.
Soy el mentiroso al que cogen, que voy cojeando.
El que agacha la cabeza con la luna,
no me pongo la careta para irme con alguna,
aunque la vea en una espalda no levanto faldas.
Deja el no querer para la hora de después,
cuando no me importe el desperdicio.
Que no yerro moral, que soy todo vicio,
que no tengo cama para tanta pesadilla,
cuéntale tú a mi almohada el porqué de tus prisas.
Sigues en vena y me haces sangrar poesía.
Evito las heridas para no chorrear algarabías.
De este cuento asilvestrado hay escenas de teatro,
las palabras son astillas de las tablas de escenario,
con la voz resentida por gritarte desvestida.
Sigues en vena y no te terminas nunca.
Tu lengua lanceolada, mis ojos en tu nuca.
Eres el tedio que acompaña a mi camino
de escaleras y baches, bandoleros zainos,
mirando de soslayo, en ti distraído.
Deja el trasnochar para la hora de acabar
y no me des envidias de tu suerte
que bastante tengo con mi muerte.
Estoy crucificado, si te fijas, en tus brazos.
Para mi desgracia no haces más que doblarlos.
Y déjame olvidarme de ti
que quiero que un día amanezca
con giralunas azules y oxidadas veletas.,
Que no me llueva aunque alguien ponga sol
y quiero gritarte al oído que todo se terminó.
Idiota.
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